jueves, 14 de septiembre de 2017

La soledad del autor autoeditado


Hoy en día la autoedición puede que sea la opción más utilizada para que autores, tanto noveles como veteranos, vean su obra publicada. Y no hablo solo de libros sino también de música, juegos, etc... El gran monopolio de las editoriales parece que se resquebraja ahora que internet nos pone en bandeja mil y una formas de publicar, además de las imprentas de barrio que casi todas poseen su propia firma. Desgraciadamente, y aunque esto pueda parecer a todas luces positivo, también tiene su lado oscuro, ya que la falta de filtros hace que cualquier cosa valga y por lo tanto descienda la media de calidad de las nuevas publicaciones, lo que hace que muchos sectores (editores tradicionales, libreros y también el público), menosprecien la autoedición hasta puntos casi ofensivos. Yo mismo he oído frases como "te autoeditas porque ninguna editorial te quiere publicar" o incluso "la autoedición es como la prostitución pero cambiando sexo por libros" y cuidado que no digo que esto no sea cierto, pero deberíamos tener en cuenta los matices, que són los motivos que llevan a cada uno a autopublicarse.

La imágen que todos tenemos en mente al pensar en autoedición es la del pobre escritor al que novela en mano, le dan con la puerta en las narices en todas las editoriales hasta que una noche en un cruce de caminos aparece una figura misteriosa envuelta en brumas y con olor a azufre y le ofrece firmar un contrato para lograr el éxito con su novela. El pobre incauto firma en el recuadro correspondiente y ve como de repente y a golpe de talonario (todo tiene un precio), tiene su libro en las manos y da entrevistas en la tele en las que habla sobre sus numerosas ventas y el éxito de sus presentaciones. Es una bonita historia, mucho más común de lo que algunos piensan y con puntos mucho más oscuros de los que aquí he tratado (presentaciones de pega con el público comprado, falsas cifras de ventas, críticas posiivas en blogs de amigos de la editorial...) para subir el ego del autor y que se sienta "como un escritor de verdad" (otra frase que he oído) y alimentar así esta nueva industria. Pero cuidado porque existen otros casos, y no se pueden dejar de lado. Y como la cosa va de ejemplos, voy a explicaros el mio.

Yo me llamo Josep. En internet casi todo el mundo que me conoce lo hace a través de mi afición por los juegos de rol, las pelis de marciantitos y robots y como no, por mi faceta de escritor (autopublicado) de un librito de relatos y demás. Pero mi realidad es otra, ya que muy a mi pesar no me paso la vida jugando con muñequitos, leyendo y escribiendo sino que la gran mayoría de mi tiempo estoy trabajando; y mi trabajo consiste en conducir un camión de veintiseis toneladas y realizar labores de carga y descarga de enormes piezas de marmol con un peso más que considerable. Son muchas horas al día y el nivel de peligrosidad es alto; no hay año que algún compañero no se deje la vida a causa de algún fallo humano o técnico, y es que cuando te caen encima varias toneladas de piedra es lo que pasa. ¿Y a donde quiero llegar con todo esto? Pues a que me gusta escribir. Me abstrae, me relaja, me hace feliz... Como me hace feliz maquetar, corregir, revisar, publicar, presentar, promocionar... Y no voy a enviar cartas a editoriales tradicionales ya que pueden pasar años hasta que alguna de ellas muestre interés por lo que escribo, si es que eso sucede algún día, y yo quiero hacerlo ahora, disfrutarlo ahora, porque no estoy dispuesto a sacrificar tanta satisfacción por los criterios de un editor. Además que puedo morirme en cualquier momento, y no quiero perderme nada por esperar a que las editoriales tradicionales vengan a por mi.

Resumiendo: La autoedición no solo es una opción para los rechazados, los impacientes o los necesitados de un ego mayor; también es una opción elegible por aquellos que como en mi caso, no deseamos formar parte de una gran editorial ni ganar dinero con esto, ni tener que escribir sometido a plazos, sugerencias ni exigencias de nadie. La autoedición es la mejor opción para los que nos divertimos escribiendo y no esperamos más que la satisfacción de hacer lo que nos gusta.

domingo, 27 de agosto de 2017

Pues esto ya está aquí...




Aparece una idea, como un fogonazo. La descartas. Regresa, esta vez más nítida y piensas “Vaya, quizás se podría sacar algo de esta gilipollez”, pero la dejas escapar de nuevo. Reaparece una vez más y eso solo puede significar que eso es algo, así que la atrapas y la escribes, luego otra y otra… Se llenan páginas con esqueletos de historias algunas de las cuales acaban irremediablemente en la papelera pero otras, milagrosamente, van cobrando forma, cuerpo y sentido. Al final el trabajo está “terminado”, pero queda lo más duro. Revisar, corregir, maquetar, transformar tanta palabra e algo parecido a un libro y luego… La Decisión. “¿Busco un editor que me haga el trabajo sucio o me ensucio yo mismo con mi trabajo?” Parece algo trivial. “¿Qué más da si al final lo único que quiero es ver mi trabajo en papel?” Pero es algo esencial. Al final la presteza gana camino a los convencionalismos y el libro sale de imprenta, radiante, precioso, como un hijo del que sentirse orgulloso… ¿Y ahora?

Ahí estoy yo... cerquita de la Terelu.
"Ahora" es donde estoy ahora. Mi segundo libro “La onomatopeya del ladrido, y otros relatos pulp” está en la calle, por fin, humildemente pero a disposición del gran público. Ahora el mundo puede juzgarme y es cuando me doy cuenta de que pude cometer cientos de errores desde que decidí capturar esa idea, como si fuera una mariposa y transformarla. Ahora mismo me parece que pedirle dinero a un desconocido para que pueda leer esas… cosas que escribí es una gran responsabilidad y un gran riesgo. Ahora me siento vulnerable, pero no puedo echarme atrás. 

Durante más de un año éste ha sido mi libro, en el cual yo podía hacer y deshacer a voluntad, pero hoy deja de serlo. Hoy se independiza, se marcha de casa y no puedo hacer otra cosa que desearle lo mejor y esperar que me traiga buenas noticias. 

Hoy mi “Onomatopeya…” es vuestra “Onomatopeya…” y os invito a que conozcáis el libro, lo disfrutéis y que no seáis muy duros con él. Soy un padre muy sensible.

Más información sobre cómo adquirir el libro AQUÍ.

viernes, 18 de agosto de 2017

La onomatopeya del ladrido (último avance del libro)

La "onomatopeya del ladrido" es el primer relato que escribí para el libro y también el más extenso, por lo que decidí que la recopilación entera debía llevar su nombre... Además de que es un título que me encanta.
Mucha gente me ha preguntado el porqué de ese título, así que he decidido que no hay mejor forma de presentar el relato que con la parte en la que se hace patente tal decisión.


"A la mañana siguiente se levantaron renovados. El Sol brillaba afuera y el paisaje, iluminado por la luz del día y la humedad de la tormenta, presentaba una belleza inigualable. Encinas, pinos silvestres y acebos daban cobijo a aladiernos, madroños y tejos, que a su vez guarecían a decenas de especies animales de toda índole. El aire olía bien, casi tanto como la cocina donde estaban preparando los desayunos.
Celonio y Berilio se asearon, se vistieron y bajaron a hacerse con una mesa. El fuego ardía de una forma mucho más humilde que la noche anterior, ya que esta vez sólo había un grupo de señores mayores compartiendo la estancia con ellos. Celonio aprovechó que la avispa había salido a oler unas flores cerca de la ventana para preguntar.
Entonces… ¿Qué piensas hacer?
He estado pensando y… —Berilio dio un mordisco a la tostada con tomate antes de continuar, sin duda para dotar de emoción a su respuesta—. Creo que viviré. Este mundo no está tan mal como para dejar que sea arrasado a saber por qué dios primigenio. ¿No crees?
Celonio se encogió de hombros. Para él, seguir viviendo o morir junto con el resto de humanidad no era un tema a tener en cuenta. En esos momentos, de hecho, le preocupaba más el saber dónde estaba el salero. Y el salero estaba justo en la mesa de al lado, en poder de los cuatro viejos que en esos momentos estaban discutiendo sobre un tema tan apasionante, que los dos protagonistas de esta historia no osaron interrumpir, para saber cómo acabaría.
Por lo visto, uno de los viejos, al que llamaremos a partir de ahora Viejo1 aseguraba que la forma correcta de escribir el ladrido de un perro era “guau”, mientras que el otro, Viejo2 decía que era, de toda la vida “bup”. Pero como justamente corresponde a una discusión de ese calibre, habían más discrepancias, ya que Viejo 3 apostaba por “worf”, a lo que los otros consideraban un anglicismo, con lo que Viejo3 defendía que en idiomas animales no pueden haber anglicismos, ya que eso compete a lenguajes humanos. Viejo4 por su parte, fuera por convicción o simplemente por echar más leña al fuego, dijo que lo correcto era escribir “llap” a lo que los otros tres respondieron que qué perro tenía él para que sonara así.
Y la discusión fue creciendo en intensidad, las palabras subiendo de volumen y ante la atónita mirada de Celonio y Berilio, los cuatro viejos comenzaron a ladrar, cada uno según su criterio de pronunciación, mientras se arrojaban los platos sucios a la cabeza para acabar tirando la mesa al suelo y persiguiéndose, ladrido en boca, por todo el comedor. La cosa terminó con el dueño del local ahuyentándolos a escobazos hasta que encontraron la puerta y salieron corriendo por el monte, en busca de alguna liebre sin duda.
Berilio sacudió la cabeza y Celonio sabía que ese gesto significaba un cambio de opinión. Después de la escena cualquiera se sentiría decepcionado con una humanidad capaz de romper su decoro y comportamiento por una simple discusión. Ambos miraron a la puerta y supieron que la humanidad estaba condenada a causa de la onomatopeya del ladrido."

sábado, 12 de agosto de 2017

El incidente de Belén (fragmento incluido en el libro)

Al igual que en el anterior avance, éste "El incidente de Belén" es una revisión de un clasico como es la aparición de los tres reyes de oriente en el portal de Belén que he decidido ampliar añadiendo algunas cosas de mi cosecha como artes marciales, viajes en el tiempo y terribles maldiciones. Espero que el resultado final guste y aquí queda este pequeño fragmento.


"La muchacha se dejó caer boca abajo en la cama. Su cabello rubio se había pegado a su cara con el sudor. Estaba agotada. La escena se había alargado más de lo previsto y además su compañero no le había dado tregua. Tenía la piel blanca como la nieve y ésta estaba cubierta de pequeñísimas gotas de sudor que brillaban bajo la luz de los focos. Giró la cabeza y se incorporó ligeramente, movió el trasero hacia un lado y, dejando ver uno de sus generosos pechos, miró directamente al hombre que de pie junto a ella se colocaba un albornoz. Era Sam, la nueva estrella del cine para adultos; alto, fuerte y con la piel negra como el carbón; su miembro seguía semi erecto y le colgaba hasta las rodillas demostrando que a veces, algunos tópicos raciales son ciertos.
¿Te he hecho daño? —le preguntó Sam a la muchacha.
Sabes que puedo con esto y con mucho más —respondió ella señalando con la vista a su entrepierna antes de echarse a reír.
Sam sonrió al ver que todo había ido bien y salió del decorado abrochándose el albornoz para meterse en su camerino. Había llegado hacía relativamente poco a los Estados Unidos pero muy pronto se interesó por la industria del cine x y decidió instalarse en Silicon Valley, justo al ladito de Hollywood donde los sueños se hacen realidad; tras unas cuantas apariciones en películas del montón, estaba rodando la que sería su mayor éxito: “Tócamela otra vez, Sam”, destinada a convertirse en un gran clásico a la altura de “Garganta profunda” o “Debbie does Dallas”.
Estaba aseándose para la siguiente escena cuando un mensajero le trajo una carta extraña; en el interior de un sobre ordinario de correos había otro, y otro y otro, cada vez más antiguos hasta revelar una nota escrita a mano en un pergamino amarillento. Sam la leyó con interés pues iba dirigida a un tal Baltasar, y hacía más de dos mil años que nadie se dirigía a él con ese nombre.
Treinta minutos para rodar, Sam —le interrumpió alguien desde la puerta.
Creo que tendremos que rodar la última escena ahora mismo —respondió él—. He quedado con un viejo amigo. Aunque me temo que van a ser dos."

NOTA: Este relato, en versión borrador, fue publicado hace unos años en mi blog "El día del testículo". En el libro "La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp" estará la versión corregida, revisada y reescrita.

sábado, 5 de agosto de 2017

Fragmento de "La venganza de Caperucita".

Al contrario que "En busca de Wonderland", cuyo adelanto podéis leer en la entrada anterior y que se trata de una historia completamente original, ésta "Venganza de Caperucita" está basada en el famoso cuento de Caperucita Roja que todos conocemos pero añadiendo un final alternativo, mucho más oscuro, en lugar del típico "fueron felices y comienron perdices". 
El relato completo se incluirá en el libro "La onomatopeya del ladrido" que se publicará en breve.

"La luz de la antorcha alumbró la figura del lobo, que salía casi arrastrándose desde un pequeño agujero en la pared de roca. Su pelaje estaba sucio y su cuerpo extremadamente delgado era sostenido a duras penas por cuatro finas patas temblorosas que parecían a punto de quedarse sin fuerzas con cada paso. Sus ojos, que relucían con el color de las mismas llamas que le alumbraban se clavaron en ella y una enorme boca repleta de dientes amarillentos se entreabrió.
—¿Has venido a regodearte en mi desgracia, niña? —dijo el lobo con una voz áspera y pesada.
—N… No —fue todo lo que ella se atrevió a decir.
—¿Y entonces a qué se debe tu presencia si no es para admirar lo que los humanos habéis hecho conmigo? Apenas soy una sombra de lo que fui, y todo gracias a la fama que tú y los tuyos me creasteis —dijo con una voz tan oscura como una tumba.
—Sé que no fuiste tú —acertó a decir Caperucita a pesar de su miedo.
El lobo pareció enmudecer y sus ojos se abrieron hasta adquirir una expresión de sorpresa que rápidamente volvió a convertirse en la calma amenazante característica de los de su especie.
—Eso ya lo sabía yo, niña. Solo que a nadie nunca se le ocurrió preguntar mi opinión.
—Porque todos te temen.
—¡Por supuesto que me temen! —aulló—. ¡Os habéis asegurado de que así fuera!
Caperucita dio un gran paso atrás, asustada por la furia del lobo y se encontró con la pared de la cueva. Instintivamente colocó la antorcha entre ella y el animal pero éste no pareció amedrentarse y se colocó tan cerca de ella que por fuerza debía de estar quemándose.
—Todo fue un plan del cazador —dijo Caperucita sollozando sin parar—. Se disfrazó de ti para impresionarme y quedarse conmigo. He sido su trofeo y su criada durante todos estos años.
El lobo retrocedió, alejándose de ella y del fuego.
—Entonces te repetiré la pregunta que te he hecho cuando has entrado aquí —dijo el lobo con más calma—. ¿A qué has venido a mi cueva, Caperucita? ¿En qué puede ayudarte este viejo y cansado lobo?
—Venganza —dijo ella con odio.
El lobo se relamió los dientes."

viernes, 28 de julio de 2017

Primer adelanto de "La onomatopeya del ladrido..."


"Entraron en la mansión con cautela, con las armas por delante y tratando de no hacer demasiado ruido, a pesar de que era obvio que si la puerta se les había abierto era porque alguien sabía que estaban allí. El interior estaba en penumbra y aunque no se encontraba especialmente desordenado, olía un poco raro. El tema de los olores era algo que uno no debía tener en cuenta viviendo en un escenario post apocalíptico de horror y supervivencia. Las industrias de los ambientadores y las fragancias en general no parecían estar muy en la labor de seguir con sus actividades y en cuanto a la higiene personal, si uno lograba encontrar agua limpia solía bebérsela y no meterse en ella para quitarse una mugre que seguro que en pocas horas volvería a estar allí. Encontrar un perfume o una pastilla de jabón en buen estado era algo para celebrar, solo superado por hallar comida en buen estado o un colchón no infestado de bichos en el que dormir.
 Apenas habían dado cuatro pasos cuando apareció ante ellos la figura delgaducha y algo encorvada de Villano, vestido con un elegante traje negro de esos con grandes mangas blancas asomando y una pajarita también blanca que le daba un aire alegre a su sombrío rostro anguloso.

—Bienvenidos a mi casa, viajeros —les dijo a ambos, aunque sus ojos no se despegaban de ella, ascendiendo y descendiendo sin parar desde los tobillos hasta las orejas definiendo perfectamente el contorno de sus caderas—. Hacía mucho tiempo que no tenía visitas no mutadas.

—Lo mismo le decimos, caballero —respondió el Hombre Alto, contento por encontrar a otro superviviente.

—No tenía nada preparado pero… ¿Les apetece cenar? Tengo algo de carne en la cocina.

Y antes de que pudiera terminar la frase, los dos visitantes ya estaban camino del comedor babeando todo el suelo. Preparó una mesa a la antigua usanza. Cubiertos de plata con servilletas de tela, copas de cristal y una jarra de agua turbia pero fresca. Ayudó a sentarse a la dama y se mostró gentil, amable y servicial durante todo el tiempo. La carne asada que sirvió era inidentificable, lo cual se agradecía en tiempos como esos y aunque su sabor era claramente de mutante, ninguno de los dos osó romper el agradable momento; ni siquiera cuando ella encontró una bala de su propia pistola clavada en el filete que estaba cortando.

—Y… ¿Lleva mucho tiempo viviendo aquí? —le preguntó él en un momento de descuido.

—Poco más de un año —respondió Villano—. Me salvé de la catástrofe mientras ayudaba a un niño que se estaba ahogando en una piscina. Al parecer el cloro del agua me puso a salvo del polvo mutazoide y pude conservar mi humanidad.

—¡Oh, que heroico! —dijo ella con la boca llena. Villano sonrió.

—Bueno… No es para tanto —le respondió Villano con modestia.

—¿Y a qué se dedicaba antes? —volvió a preguntar el Hombre Alto.

—Era… ehm… Poeta.

—¿Poeta? —preguntó la chica, ahora con menos comida en la boca.

—Así es —comenzó a explicar Villano—. Yo extraía la esencia misma de la vida, las cosas, los sentimientos, las emociones… plasmándolos en el papel a través de palabras.

—Fascinante… -dijo ella.

El Hombre Alto empezaba a sentirse mal por la presencia de ese hombre extraño que cada vez sonreía más. Realmente, la sonrisa de Villano al ver el interés que despertaba en la chica era tan amplia, que amenazaba con juntarse en su nuca y cercenarle la cabeza de un momento a otro.

—¿Y ahora? —siguió preguntando el Hombre Alto en busca de un punto débil de su anfitrión—. ¿A qué se dedica?

—Ahora, eeehhh… —Villano buscó en su cerebro algo que pudiera impresionar aún más que un poeta a una dama—. Ahora soy cowboy.

El comedor quedó en silencio durante unos segundos.

—¿Cowboy? —preguntó él extrañado. —¿Todavía quedan vacas vivas?

—No son exactamente vacas —aclaró Villano.—.Es simplemente ganado. Y yo me encargo de cuidarlo, alimentarlo y protegerlo.

El Hombre Alto enarcó tanto una ceja que ésta saltó de su rostro y se le quedó enredada en el pelo. Había algo extraño en esa historia y estaba dispuesto a averiguarlo.

—¿Y puedo ver esos animales si no es mucha molestia? — le preguntó.

—Por supuesto —respondió Villano con tranquilidad—. Incluso puedo dejar que los alimentes.

Villano dejó a la vista unos dientes no demasiado blancos pero impecablemente alineados en una sonrisa tensa como la cuerda de un arco."

Fragmento del relato "En busca de Wonderland" del libro "La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp"

lunes, 24 de julio de 2017

¿Revisar o no revisar? He aquí...


*
La revisión de un texto es algo completamente necesario una vez éste está terminado. En la revisión se pulen detalles, se eliminan partes innecesarias o se añaden cosas que faltan. Es un proceso imprescindible para preparar cualquier obra antes de presentarla al público. Y aunque para algunos escritores sea un placer el poder repasar y retocar su obra, para algunos otros resulta una tarea tediosa, costosa y en la que cada palabra eliminada o añadida se convierte en una decisión trascendental que siembra dudas e inseguridad para siempre. Yo, por supuesto, me hallo en este segundo grupo.

En el momento de escribir estas líneas tengo mi segundo libro terminado, la portada casi lista, la maquetación en la fase final y solo me queda sentarme tranquilamente ante el ordenador y revisar. ¿Pero he dicho tranquilamente? La primera duda que me asalta es la de la potestad para modificar lo que escribí hace unos meses. ¿Qué me hace pensar que a día de hoy tenga mejor criterio para analizar mis textos del que tenia cuando los escribí? ¿Quién me asegura que no he perdido facultades y en realidad voy a estropearlo más? La segunda duda es sobre si realmente es necesaria una revisión. ¿Acaso la explosión de inspiración con la que lo escribí no era suficiente? ¿Supera mi ojo crítico a ese momento de creatividad? Y por último me encuentro con la duda acerca de cuantas veces se puede revisar un texto antes de enloquecer. ¿Tres, cinco, doscientas treintaycuatro?

Es por todas estas preguntas que seguramente quedarán sin respuesta para siempre que puedo asegurar que la revisión es mi parte menos preferida en esto de la escritura, aunque paso por ella porque soy consciente de que si luego vas a hacer pagar a la gente por eso que has escrito, que menos que haber padecido un poco en el proceso. Además de que el lector medio es capaz de detectar si eso que está leyendo es un texto pulido y cuidado o una serie de párrafos en bruto que conforman una historia más o menos coherente.
Y es que no hay que menospreciar al lector. Ni al lector ni a nadie, en realidad. Pero hay que tener en cuenta que esa persona que ha puesto dinero de su bolsillo para leernos, seguramente entrará a matar si el producto adquirido no cumple las expectativas y por ello, aunque son muchos los factores que hacen de un libro algo "aceptable", un texto bien revisado es lo esencial.

*Imagen robada (pero con buena fe) del blog de Jessica Davidson