lunes, 20 de noviembre de 2017

Un apunte acerca de la imaginación.





Este fin de semana tuve el honor de presentar mi segundo libro "La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp" en la Librería Ateneo Cómics de Alicante. Decidí ir allí a presentar porque además de que es una de mis tiendas especializadas favoritas, una de mis intenciones con este libro era el de alejarlo un poco de las sobresaturadas librerías tradicionales y enfocarlo a un público más receptivo a la ficción y la fantasía. Me reservaré mi opinión sobre el éxito de mi iniciativa para más adelante cuando pueda sacar conclusiones, pero en cualquier caso me sentí afortunado de poder estar presentando el libro rodeado de cajas de Warhammer, juegos de rol y tebeos de Songoku.

No voy a negar que tenía más expectativas de público. No es algo que me preocupe especialmente, ya que pocos o muchos, me encanta explicar los entresijos del libro, contar anécdotas y en general, hacer estallar las risas entre los asistentes. Enfoco las presentaciones al humor, ya que esto genera una conexión muy positiva entre los asistentes y mi persona y me encanta esa sensación, además de que predispone a la gente a hacerse con el libro lo cual es, al fin y al cabo, el objetivo de las presentaciones.

Decía que el público fue escaso pero no podría estar más satisfecho por su "calidad". Se presentaron personas que había conocido en la red hacía poco tiempo y con quienes no había tenido contacto personal, como dos de los autores de la página/ revista "Historias Pulp", viejos conocidos de redes sociales, amigos y familia. Pareció gustarles el "espectáculo" pero en un momento dado alguien me preguntó, ya acabando la presentación y a modo de tiempo extra, de donde sacaba la inspiración para escribir ese tipo de cuentos, y no supe que responder. Salí por la vía rápida del humor y de la anécdota tonta, pero en terminar, llegar a casa y acostarme, pensé que podría haberle dado una respuesta mucho mejor. Y como nunca es tarde para rectificar, voy a hacerlo aprovechando este medio.

La inspiración, imaginación, ingenio, originalidad... son términos que se utilizan cuando uno es capaz de sacar historias de la nada, aunque realmente nada se crea desde cero. La inspiración no cae del cielo como una lluvia de ideas, sino que emerge desde el interior como un gheiser (o como se llame) que hay que saber controlar y aprovechar. En otras palabras menos metafóricas, hay que ejercitar la imaginación, buscando ideas aquí y allá, descartando, seleccionando, construyendo, destruyendo y reciclando... No sé si me explico. Un ejemplo:

Hace unos días estaba conduciendo por el centro cuando tuve que pararme mientras un repartidor de carne bajaba piezas de su camión frigorífico para abastecer a una carnicería. Apenas fueron dos minutos, pero mientras veía a ese hombre de blanco cargando trozos de animal congelado comencé a imaginar probabilidades. ¿Y si se le cierra la puerta mientras está dentro y no hay forma de salir? ¿Y si encima se ha dejado el móvil en la cabina? ¿Y si el móvil estaba dentro del bolsillo de su chaqueta? De pronto la idea de ese pobre señor pelándose de frío y maldiciendo por estar a apenas un metro de distancia del teléfono y la chaqueta que le salvarían se me hizo tan clara que seguí imaginando. ¿Y si estuviera esperando una llamada importante? Quizás esperaba noticias de su ex, con la que quería arreglar las cosas, o puede que de un editor que podría abrirle las puertas a su sueño de ser escritor. De pronto ese pobre repartidor había pasado de ser un hombre con la ilusión de dejar ese trabajo soso y monótono e iniciar una nueva vida de fama y amor, a morir congelado en un triste camión frigorífico. Esto da para un relato corto que quizás podría incluir una reflexión sobre la vida y las prioridades y las elecciones personales que podría incluir un final sorprendente o quizás predecible, o sorprendente por lo predecible (que siempre es mejor que al revés), pero todavía se puede ir un poco más allá. Puede que a ese señor moribundo y semicongelado le hable un pollo colgado de un gancho. Le hable le cuente secretos que solo son aptos para aquellos que van a cruzar el umbral de la vida. Secretos reveladores e inconfesables que solo tienen cabida más allá de la tumba. ¿Y si solo ha sido una alucinación? ¿Y si ha sido real pero al final alguien abre la puerta y lo salva? Quizás no haya lugar en el mundo para un vivo que conoce los secretos de la muerte. ¿Y si quien le abre la puerta es ex mujer acompañada del editor, ambos preocupados por que no les cogía el teléfono? Puede que al final el pobre repartidor cumpla su sueño de fama y riqueza pero se vea acosado por animales congelados que quieren mandarle al otro barrio. Quien dice animales congelados dice cualquier cosa, por supuesto. Esto quizás da para novela. Novela que en cualquier caso no escribiré, pues solo era un ejemplo para reflejar esto de la inspiración y la imaginación. A veces dos minutos parado detrás de un camión frigorífico dan para mucho.

Tomando este ejemplo como… ejemplo (menuda redundancia) podemos aplicarnos el cuento a cualquier cosa. Si nos acostumbramos a ir por la vida retorciendo la realidad, inventando probabilidades y buscando líneas de realidad alternativas, obtendremos una gran cantidad de ideas para desarrollar. Y a partir de ahí, como ya he dicho mas arriba, seleccionar, descartar, reciclar…

No sé si en la presentación me habría dado para explicar todo esto, pero como he dicho, para eso tenemos los blogs y para eso se inventó la escritura: para contar aquello que queremos que prevalezca... o lo que no nos da para decir cara a cara. Y dejo esta pequeña reflexión así porque se me acaba de ocurrir una idea buenísima sobre un repartidor de carne que…

miércoles, 1 de noviembre de 2017

XII Jornades de les lletres ebrenques (cronica de mi fugaz paso por ellas)





Reconozco que recibí la invitación a las “Jornades de les lletres ebrenques” con cierta frialdad, en primer lugar por mi desconocimiento de las mismas y en segundo por aferrarme a esa famosa paradoja de Groucho Marx que decía “Nunca formaría parte de un club que aceptara a alguien como yo como miembro”. Aunque cuando digo frialdad no digo desánimo, resignación ni nada por el estilo, solo que si hubiese conocido la magnitud de esas jornadas de antemano, seguramente me habría alegrado muchísimo más en un primer momento. Pero pongámonos en el lugar de las mismas.

El epicentro de las jornadas está situado en la Biblioteca Sebastiá Joan Arbó, en la localidad de Amposta, capital de la comarca más al sur de Cataluña. En esa biblioteca se reúnen desde hace ya doce años, personas que se dedican a la literatura y al arte en general, las cuales durante los dos o tres días que duran, realizan todo tipo de actividades no solo literarias si no también de cualquier otra expresión artística como la pintura, la música, el teatro… Como he dicho, yo lo desconocía pero las “Jornades de les lletres ebrenques” llegan a reunir a más de medio centenar de autores cada año, contando con algunos de renombre, además de autores noveles, entre los cuales yo me encontraba.

Como decía más arriba, recibí la invitación a las mismas con cierta frialdad, pero ésta se disipó al poder ver el cartel de actividades, el nivel de los autores invitados y el hecho de que incluso los autores noveles dispondríamos de tiempo para promocionar nuestras obras. Pero me dejo ya la teoría y voy a relatar mi breve paso por las mismas.

Al vivir lejos de Amposta y trabajar entre semana, no pude asistir al acto inaugural ni a las primeras actividades, entre las que destacaría una lectura de microrrelatos a cargo de alumnos del instituto. Me gustan especialmente los microrrelatos y sabiendo que están escritos por chavales la cosa se hace doblemente atractiva ya que creo que en esta forma de expresión literaria puede verse el talento y la imaginación de un autor sin todos los condicionantes técnicos que posee una novela, por ejemplo. Los microrrelatos son literatura en bruto, pequeñas explosiones de creatividad que no pueden pasarse por alto. Además, y como curiosidad, pude leer en Internet que éstos se escribieron en castellano, un dato significativo estos días en los que se pone tan en duda al sistema educativo catalán.

Otro acto destacable era una charla que debía realizarse con el escritor Rafel Nadal sobre su última novela, la cual tuvo que modificarse debido a la ausencia de éste por la muerte de un familiar directo. Al final la charla con el autor se convirtió en una mesa redonda para hablar de él y de su obra, demostrando que si uno se lo propone, incluso ante un percance de tal magnitud, puede salvarse el día.

Mi idea era llegar el sábado a media mañana, pero por causas que todavía desconozco (¿Agujeros de gusano? ¿Tempus fugit? ¿Mucho tráfico en la carretera?) no aparecí por allí hasta la una del mediodía. Llegué justo a tiempo para asistir a una mesa redonda en la que se hablaba del panorama literario de la zona, otras jornadas, se presentó un videojuego creado por una estudiante y basado en la historia de la localidad y lo que más me llamó la atención: La presentación de dos cortos basados en dos microrrelatos de un autor (o autores) local (o locales). Esto último me hizo fantasear un poco con la idea de ver algún día uno de mis textos llevado a la pantalla; no eran de oscar ni mucho menos, pero sí una forma creativa de hacerlos llegar a un público que quizás de otra forma no repararía en ellos.
Cuando terminó el acto salimos pitando a comer, pero antes quise pasarme por la mesa donde se exponían (para su venta) los libros de los autores asistentes. Cual fue mi sorpresa al ver a uno de los que habían presentado los cortos, hojeando uno de mis libros, lo cual me dio el pretexto perfecto para presentarme y hablar sobre la posibilidad de trabajar juntos. Al final no tuvimos tiempo de profundizar demasiado, pero siempre es bueno tener un primer contacto.

Luego vino una comida literaria, que es como una comida normal, pero en la que solo hay escritores o personas relacionadas con este mundillo. Yo llegué de los últimos y casi no quedaban sitios libres, así que me senté en la única silla vacía que vi. Cual fue mi sorpresa al encontrar frente a mi a un viejo amigo de cuando tenía 16 años, el cual lleva publicadas dos o tres novelas y que ni yo sabía que escribía ni él que lo hacía yo. Fue un reencuentro fugaz, ya que en terminar de comer salió pitando, pero me hizo pensar en lo largos que son a veces los tentáculos de la literatura. Por no decir eso de que el mundo es un pañuelo, que está ya muy visto.


Después de comer llegó mi momento de gloria, en el que una decena de nuevos (y no tan nuevos) autores disponíamos de cinco minutos cada uno para hablar de nuestra o nuestras obras. Y como no podía ser de otra manera siendo yo, sentí que había metido la pata al instante. Llevaba una semana preparándome un pequeño discurso en el que pretendía criticar los peinados de los escritores, cosa q1ue me parece totalmente necesaria en estos tiempos que corren, pero en el último momento decidí cambiarlo por otro, más breve, por si no me daba tiempo, y no fue la mejor idea del mundo. Soné inseguro, me dejé un fragmento en algún momento y al final quedó tan breve y soso que decidí leer uno de los microrrelatos de mi anterior libro. Mi idea era, y siempre es, marcar un poco la diferencia con los otros autores. Yo no soy escritor, así que no puedo hablar de técnicas narrativas, de estructuras gramaticales ni otras cosas técnicas, por lo que siempre abogo por el humor, las anécdotas sacadas de quicio y otros trucos sucios que guardo en la manga. Esta vez no salió como esperaba pero no fue nada especialmente grave.

Lo siguiente fue una charla que me salté, ya que me encontré con una vieja amiga con quien tenía muchas cosas que hablar y que contar y las jornadas cerraron con la actuación de “Lorquianas”, unas chicas que combinaban la literatura con la música y el teatro en una actuación realmente estremecedora, en el buen sentido de la palabra.

Y la cosa terminó, dejándome una sensación agridulce por mi breve actuación, pero la enorme satisfacción de haber formado parte de algo grande, bello y significativo.


martes, 3 de octubre de 2017

Ladridos en la biblioteca (la primera presentación oficial)





El acto de presentar un libro es algo que siempre me ha causado (como lector), cierta indiferencia. Normalmente compro libros, sea porque he oído de ellos, porque sigo a sus autores o simplemente porque decido leer algo al azar, en cuyo caso busco algo que me resulte atractivo a nivel cubiertas. Siempre que he acudido a una presentación ha sido por compromiso y no siempre he salido muy contento de allí. Por ese motivo, cuando me encontré a mi mismo en el lado opuesto al del lector y con la necesidad de presentar mis libros, algo en mi se rebeló.
Tuve claro desde el principio que mis presentaciones debían ser amenas, divertidas y que la gente que decidiera acercarse a verme, fuera por compromiso o casualidad, deberían pasar un rato entretenido, antes que ser convencidas de comprar mi libro. Con esa premisa lo he hecho hasta ahora y aunque prácticamente acabo de empezar, creo que le voy pillando el truco a esto. Es por ello que en esta entrada quiero hablar, solo un poquito, de la primera presentación de mi último libro “La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp”.
 
La temida sala vacía antes de la presentación.
El día 30 de septiembre tenía una cita con la biblioteca de Amposta, ciudad en la que nací y crecí y en cuya biblioteca, además, pasé los años más raros de mi adolescencia, como un arqueólogo explorando una vasta ciudad oculta hasta el momento.  Allí descubrí a algunos de los autores que me han acompañado durante toda mi vida, como es el caso de Lovercraft, Poe, Buckowsky, Tolkien o Vian. Allí pasé muchísimas horas “refugiado” mientras afuera la gente hacía cosas normales pero que yo no acababa de comprender y allí aprendí también que en las bibliotecas no se liga nada, aunque eso es otra historia. La cuestión es que regresé a la que considero mi biblioteca, una de las más impresionantes y variadas que he visto en mi vida y esta vez no como lector si no como escritor. Todo un honor y también una carga de inseguridad al no verme a la altura.
Y es que la mayor de las inquietudes ante una presentación es la afluencia de público. Presentar un libro ante tu familia y amigos está muy bien, pero uno siempre aspira a abrirse a un público nuevo, darse a conocer y, como no, vender algunos libros. Afortunadamente en esta presentación, tuve mucho más público del esperado, llegado a contar, así a ojo, más de cuarenta personas. Todo un lujo.
 
Y la satisfacción del espacio ocupado por el público
Comencé con humor, como tiene que ser. Es asombroso cómo me tiemblan las manos al agarrar el micrófono y como se me pasa cuando el público deja escapar las primeras carcajadas. Siempre he pensado que el principio de algo, sea un libro, una charla, una película… debe ser representativo de lo que después vendrá, así que las primeras frases pronunciadas deben estar bien medidas. Después, Assumpta Eixarc, una antigua profesora que me dio clases cuando tenía 17 años, se encargó de presentarme formalmente, leyendo fragmentos del libro que para mi satisfacción, parecieron encantar al público. A partir de ahí, nos fuimos alternando las intervenciones, contrastando su parte más seria y formal con mis explicaciones en clave de humor, creando casi sin darnos cuenta, una coordinación que no habíamos ensayado ni previsto de antemano. Por supuesto se habló del libro, de literatura, de qué es eso del “pulp”, de escritura y edición… Pero no voy a entrar en detalles aquí.

Cuando terminamos y tras la firma de ejemplares me permití un rato de reflexión. El contacto con el público es importante. Mucho más de lo que pensaba un año atrás. Oyendo hablar al autor de un libro, uno se queda con su tono de voz, con su forma de expresarse, y eso le da un toque distinto a la lectura del libro. A mi me pasa y muchos me han confesado que también, en el caso de mis libros y blogs, después de conocerme en persona. Al final esta presentación fue un gran éxito, pero quedan un par más por venir, esta vez lejos de mi casa, por lo que va a ser más complicado reunir al público. Pero ya vendrá lo que tenga que venir. De momento me quedo con la experiencia de un gran día y para que veáis que no os he engañado, algunos fragmentos de las opiniones de dos de los asistentes a la misma.

Debo decir que la presentación fue muy amena, alternando en las actuaciones la Sra. Eixarch (de forma muy profesional) y el Sr. Rosa (que se dedicó a la bis cómica). Ambos se complementaron a la perfección e hicieron las delicias del respetable. De hecho, estoy por sugerirle al Sr. Rosa que se dedique a hacer monólogos en otros eventos...
J.M Lletí

Una presentación diferente, irónica, que ha sacado la risa de un público entregadísimo, por el hecho de tener un escritor ingenioso, que ha captado la atención de los oyentes. Assumpta i Josep, han conseguido que todos tengamos la curiosidad de leer este libro de relatos.
Joana Serret

sábado, 23 de septiembre de 2017

La necesidad de una "marca de autor".


Hace unos meses tuve la suerte de coincidir en una feria del libro con Vicent Pellicer, un autor ya consagrado en mi tierra, con el cual tuve tiempo de charlar sobre este mundillo literario en el que acababa de meterme y en el que todavía hoy no tengo muy claro como moverme. Debo decir antes de ir al grano, que ese señor me causó una sensación de extraña calma desde el momento en el que le vi aparecer, con las manos vacías, como si la cosa no fuese con él y se sentó a mi lado.
Recuerdo que era temprano, por la mañana, y yo estaba sentado en mi silla, tieso como un palo a causa de los nervios y esperando a que llegaran posibles compradores de mi libro, mientras que él caminaba distraido, saludando a conocidos y sentándose lejos del puesto de firmas para tomarse un café. Yo ya tengo mis años, pero al lado de ese señor me sentía como un chiquillo torpe; como en un primer dia de trabajo.
El libro de Pellicer era un tomo grueso, con papel de calidad, de gran tamaño y repleto de fotografías a color sobre la tierra en la que ambos nacimos. Era caro. No lo recuerdo, pero sé que la gente que adquiría uno lo pagaba con un billete de cincuenta y casi no les devolvían nada. Y yo, con mi librito de ocho euros lo observaba todo con cierta extrañeza. Y ahora sí voy al grano. 

Estuve hablando con él y me explicó en un tono extrañamente paternalista, que cuando uno quiere darse a conocer en este mundo de letras y libros, debe tener especial cuidado con su nombre más incluso que con su prosa. Me dijo que el nombre del autor debe ser como su sello, su "marca", y que eso era en lo que se fijarían los lectores. Me recomendó buscar mi estilo y ser fiel a él para que algún día, con un simple vistazo, pudiesen identificarse mis libros. Por supuesto, no le hice caso.
Le dije que yo no quería tener ninguna fama en este mundillo, que yo escribo por diversión, publico por convicción y acudo a actos públicos por inducción (sí, como las vitrocerámicas) y que por ello no quería verme acechado por angustias económicas o de fama. Él aplaudió mi forma de enfocar esta afición y se marchó para siempre. Pero debería haberle hecho caso.

Estos meses, especialmente ahora que tengo otro libro en la calle, he pensado mucho acerca de este tema ya que me he dado cuenta de que no por darle un acabado profesional al libro la gente te va a tomar más en serio o te va a proporcionar alguna visiblidad más allá de lo anecdótico. Y es que la clave no es el título del libro, su contenido o su aspecto sino "la marca" que supone el nombre del autor y es con ese elemento con el que hay que trabajar desde el primer momento.
¿Como hacerlo de foma efectiva? Esto no es algo que vaya a poder resolveros yo en este blog. Pero siempre podéis buscar a Vicent Pellicer u otro autor similar y convertirle en vuestro mentor.

jueves, 14 de septiembre de 2017

La soledad del autor autoeditado


Hoy en día la autoedición puede que sea la opción más utilizada para que autores, tanto noveles como veteranos, vean su obra publicada. Y no hablo solo de libros sino también de música, juegos, etc... El gran monopolio de las editoriales parece que se resquebraja ahora que internet nos pone en bandeja mil y una formas de publicar, además de las imprentas de barrio que casi todas poseen su propia firma. Desgraciadamente, y aunque esto pueda parecer a todas luces positivo, también tiene su lado oscuro, ya que la falta de filtros hace que cualquier cosa valga y por lo tanto descienda la media de calidad de las nuevas publicaciones, lo que hace que muchos sectores (editores tradicionales, libreros y también el público), menosprecien la autoedición hasta puntos casi ofensivos. Yo mismo he oído frases como "te autoeditas porque ninguna editorial te quiere publicar" o incluso "la autoedición es como la prostitución pero cambiando sexo por libros" y cuidado que no digo que esto no sea cierto, pero deberíamos tener en cuenta los matices, que són los motivos que llevan a cada uno a autopublicarse.

La imágen que todos tenemos en mente al pensar en autoedición es la del pobre escritor al que novela en mano, le dan con la puerta en las narices en todas las editoriales hasta que una noche en un cruce de caminos aparece una figura misteriosa envuelta en brumas y con olor a azufre y le ofrece firmar un contrato para lograr el éxito con su novela. El pobre incauto firma en el recuadro correspondiente y ve como de repente y a golpe de talonario (todo tiene un precio), tiene su libro en las manos y da entrevistas en la tele en las que habla sobre sus numerosas ventas y el éxito de sus presentaciones. Es una bonita historia, mucho más común de lo que algunos piensan y con puntos mucho más oscuros de los que aquí he tratado (presentaciones de pega con el público comprado, falsas cifras de ventas, críticas posiivas en blogs de amigos de la editorial...) para subir el ego del autor y que se sienta "como un escritor de verdad" (otra frase que he oído) y alimentar así esta nueva industria. Pero cuidado porque existen otros casos, y no se pueden dejar de lado. Y como la cosa va de ejemplos, voy a explicaros el mio.

Yo me llamo Josep. En internet casi todo el mundo que me conoce lo hace a través de mi afición por los juegos de rol, las pelis de marciantitos y robots y como no, por mi faceta de escritor (autopublicado) de un librito de relatos y demás. Pero mi realidad es otra, ya que muy a mi pesar no me paso la vida jugando con muñequitos, leyendo y escribiendo sino que la gran mayoría de mi tiempo estoy trabajando; y mi trabajo consiste en conducir un camión de veintiseis toneladas y realizar labores de carga y descarga de enormes piezas de marmol con un peso más que considerable. Son muchas horas al día y el nivel de peligrosidad es alto; no hay año que algún compañero no se deje la vida a causa de algún fallo humano o técnico, y es que cuando te caen encima varias toneladas de piedra es lo que pasa. ¿Y a donde quiero llegar con todo esto? Pues a que me gusta escribir. Me abstrae, me relaja, me hace feliz... Como me hace feliz maquetar, corregir, revisar, publicar, presentar, promocionar... Y no voy a enviar cartas a editoriales tradicionales ya que pueden pasar años hasta que alguna de ellas muestre interés por lo que escribo, si es que eso sucede algún día, y yo quiero hacerlo ahora, disfrutarlo ahora, porque no estoy dispuesto a sacrificar tanta satisfacción por los criterios de un editor. Además que puedo morirme en cualquier momento, y no quiero perderme nada por esperar a que las editoriales tradicionales vengan a por mi.

Resumiendo: La autoedición no solo es una opción para los rechazados, los impacientes o los necesitados de un ego mayor; también es una opción elegible por aquellos que como en mi caso, no deseamos formar parte de una gran editorial ni ganar dinero con esto, ni tener que escribir sometido a plazos, sugerencias ni exigencias de nadie. La autoedición es la mejor opción para los que nos divertimos escribiendo y no esperamos más que la satisfacción de hacer lo que nos gusta.

domingo, 27 de agosto de 2017

Pues esto ya está aquí...




Aparece una idea, como un fogonazo. La descartas. Regresa, esta vez más nítida y piensas “Vaya, quizás se podría sacar algo de esta gilipollez”, pero la dejas escapar de nuevo. Reaparece una vez más y eso solo puede significar que eso es algo, así que la atrapas y la escribes, luego otra y otra… Se llenan páginas con esqueletos de historias algunas de las cuales acaban irremediablemente en la papelera pero otras, milagrosamente, van cobrando forma, cuerpo y sentido. Al final el trabajo está “terminado”, pero queda lo más duro. Revisar, corregir, maquetar, transformar tanta palabra e algo parecido a un libro y luego… La Decisión. “¿Busco un editor que me haga el trabajo sucio o me ensucio yo mismo con mi trabajo?” Parece algo trivial. “¿Qué más da si al final lo único que quiero es ver mi trabajo en papel?” Pero es algo esencial. Al final la presteza gana camino a los convencionalismos y el libro sale de imprenta, radiante, precioso, como un hijo del que sentirse orgulloso… ¿Y ahora?

Ahí estoy yo... cerquita de la Terelu.
"Ahora" es donde estoy ahora. Mi segundo libro “La onomatopeya del ladrido, y otros relatos pulp” está en la calle, por fin, humildemente pero a disposición del gran público. Ahora el mundo puede juzgarme y es cuando me doy cuenta de que pude cometer cientos de errores desde que decidí capturar esa idea, como si fuera una mariposa y transformarla. Ahora mismo me parece que pedirle dinero a un desconocido para que pueda leer esas… cosas que escribí es una gran responsabilidad y un gran riesgo. Ahora me siento vulnerable, pero no puedo echarme atrás. 

Durante más de un año éste ha sido mi libro, en el cual yo podía hacer y deshacer a voluntad, pero hoy deja de serlo. Hoy se independiza, se marcha de casa y no puedo hacer otra cosa que desearle lo mejor y esperar que me traiga buenas noticias. 

Hoy mi “Onomatopeya…” es vuestra “Onomatopeya…” y os invito a que conozcáis el libro, lo disfrutéis y que no seáis muy duros con él. Soy un padre muy sensible.

Más información sobre cómo adquirir el libro AQUÍ.

viernes, 18 de agosto de 2017

La onomatopeya del ladrido (último avance del libro)

La "onomatopeya del ladrido" es el primer relato que escribí para el libro y también el más extenso, por lo que decidí que la recopilación entera debía llevar su nombre... Además de que es un título que me encanta.
Mucha gente me ha preguntado el porqué de ese título, así que he decidido que no hay mejor forma de presentar el relato que con la parte en la que se hace patente tal decisión.


"A la mañana siguiente se levantaron renovados. El Sol brillaba afuera y el paisaje, iluminado por la luz del día y la humedad de la tormenta, presentaba una belleza inigualable. Encinas, pinos silvestres y acebos daban cobijo a aladiernos, madroños y tejos, que a su vez guarecían a decenas de especies animales de toda índole. El aire olía bien, casi tanto como la cocina donde estaban preparando los desayunos.
Celonio y Berilio se asearon, se vistieron y bajaron a hacerse con una mesa. El fuego ardía de una forma mucho más humilde que la noche anterior, ya que esta vez sólo había un grupo de señores mayores compartiendo la estancia con ellos. Celonio aprovechó que la avispa había salido a oler unas flores cerca de la ventana para preguntar.
Entonces… ¿Qué piensas hacer?
He estado pensando y… —Berilio dio un mordisco a la tostada con tomate antes de continuar, sin duda para dotar de emoción a su respuesta—. Creo que viviré. Este mundo no está tan mal como para dejar que sea arrasado a saber por qué dios primigenio. ¿No crees?
Celonio se encogió de hombros. Para él, seguir viviendo o morir junto con el resto de humanidad no era un tema a tener en cuenta. En esos momentos, de hecho, le preocupaba más el saber dónde estaba el salero. Y el salero estaba justo en la mesa de al lado, en poder de los cuatro viejos que en esos momentos estaban discutiendo sobre un tema tan apasionante, que los dos protagonistas de esta historia no osaron interrumpir, para saber cómo acabaría.
Por lo visto, uno de los viejos, al que llamaremos a partir de ahora Viejo1 aseguraba que la forma correcta de escribir el ladrido de un perro era “guau”, mientras que el otro, Viejo2 decía que era, de toda la vida “bup”. Pero como justamente corresponde a una discusión de ese calibre, habían más discrepancias, ya que Viejo 3 apostaba por “worf”, a lo que los otros consideraban un anglicismo, con lo que Viejo3 defendía que en idiomas animales no pueden haber anglicismos, ya que eso compete a lenguajes humanos. Viejo4 por su parte, fuera por convicción o simplemente por echar más leña al fuego, dijo que lo correcto era escribir “llap” a lo que los otros tres respondieron que qué perro tenía él para que sonara así.
Y la discusión fue creciendo en intensidad, las palabras subiendo de volumen y ante la atónita mirada de Celonio y Berilio, los cuatro viejos comenzaron a ladrar, cada uno según su criterio de pronunciación, mientras se arrojaban los platos sucios a la cabeza para acabar tirando la mesa al suelo y persiguiéndose, ladrido en boca, por todo el comedor. La cosa terminó con el dueño del local ahuyentándolos a escobazos hasta que encontraron la puerta y salieron corriendo por el monte, en busca de alguna liebre sin duda.
Berilio sacudió la cabeza y Celonio sabía que ese gesto significaba un cambio de opinión. Después de la escena cualquiera se sentiría decepcionado con una humanidad capaz de romper su decoro y comportamiento por una simple discusión. Ambos miraron a la puerta y supieron que la humanidad estaba condenada a causa de la onomatopeya del ladrido."