jueves, 18 de mayo de 2017

...aunque suene a despedida.


Algo que suelo decir en las presentaciones y cuando alguien me pregunta el porqué publiqué mi primer libro “Textos de Mediocridad e hiperrealismo”, es que éste libro ha sido como cerrar una puerta detrás de mi para poder abrir otra y seguir avanzando. Puede sonar poético o metafórico, pero en realidad no lo es tanto.

Todo el contenido de este libro forma parte de momentos especiales o significativos de mi pasado y como me gusta pensar, el pasado está ahí para ser recordado pero también dejado atrás. Es por este motivo y porque al final todo tiene que acabar, que he decidido que ha llegado el momento de avanzar, dejar “Textos de mediocridad e hiperrealismo” atrás, y ponerme manos a la obra con mi siguiente libro, el cual no tendrá mucho que ver con éste primero, pero que espero que guste igual o más a quien decida leerlo. Pero no nos adelantemos a acontecimientos.

He pensado que la mejor forma de despedir un libro (o al menos su promoción activa) es dándole un lavado de cara, mejorar su contenido y acabado y como no, ponerlo a la disposición del mayor número de personas posible. Para ello, he sacado una segunda edición, con nueva maquetación y algunas páginas extra, la cual solo estará disponible en versión digital (pdf, epub y mobi) y que se halla alojada en Lektu, una plataforma que si no la conocéis os invito a echare un ojo pues tiene gran cantidad de libros digitales y físicos de autores independientes y pequeñas editoriales. Y para conservar la idea inicial de dar a conocer mi libro de forma gratuita, le he puesto un precio libre (paga lo que quieras) para que los curiosos o los que ya tenéis el libro, no os sintáis con la obligación de tener que pagar dos veces por lo mismo. Por supuesto, cualquier donación será bien recibida.

En cuanto al libro en papel de la primera edición, puede ser adquirido hasta fin de existencias en dos librerías tradicionales que son La Faràndula en Novelda (Alicante)y Espai Cultural Guaix en Amposta (Tarragona) al precio de 8€. Del mismo modo y para quien sea de otras partes del país, puede adquirirse en formato físico también en la tienda online Dosdediez.

Y nada más. Con esto dejo atrás una de las etapas más fantásticas de mi vida. Fantástica por las emociones vividas, la gente conocida, los miedos superados y por supuesto todo lo que he aprendido. Muchas gracias a todos los que habéis formado parte de estos y nos vemos muy pronto.

domingo, 30 de abril de 2017

Sant Jordi 2017


El día del libro siempre ha sido una fecha especial, como lector y también por mi afinidad con cierta librería ya desaparecida de mi localidad natal, a la cual tuve oportunidad de ayudar con el tema preparativos de una fecha tan señalada y complicada. Pero aparte de todo esto, este Sant Jordi de 2017 ha representado algo mucho mayor para mí al tratarse del primer año en el que acudía como autor, invitado por una librería local (la sustituta de la nombrada anteriormente) para firmar ejemplares y promocionarme un poquito. Pero casi mejor me dejo de introducciones y voy al grano.

Mi humilde rinconcito
Espai cultural Guaix” es una librería atípica, ya que posee también una sección de cafetería creada con la intención de incentivar la lectura aprovechando la adicción a la cafeína que la mayoría de nosotros sufrimos; desconozco si es un formato habitual en grandes ciudades pero desde luego en el pueblo es la primera vez que veo algo así. Una vez allí fui atendido por su responsable, la cual fue capaz de prestarme algo de atención a pesar de lo atareado del momento, montando mesas y atendiendo a los primeros clientes. Y no estuvo mal la mañana, en la que me encontré con viejos amigos y conocidos, vendí algunos libros y sobretodo, pude hablar de este bonito mundo de la literatura con personas, como no, mucho más experimentadas que yo.
 
Espai Cultural Guaix
Nada más llegar, compartí mesa con Vicent Pellicer, un escritor-poeta-fotógrafo (no sabría como definirlo) con muchos libros y experiencia a cuestas y que supo darme buenos consejos sobre como empezar con mi “carrera” en esto de la escritura. Más tarde apareció Marina Pallás, periodista y escritora con quien me sentí muy cómodo (no sé que tienen los periodistas que cautiva tanto) y pudimos charlar sobre lo que escribimos y hacemos en la vida.

Aquí ya empezaba a dolerme el brazo de tanto dedicar libros
Después de comer tocaba cambiar de escenario y las chicas de la librería Viladrich (una de las más veteranas me atrevería a decir que de todo el país) me hicieron un hueco para que me colocara con mis libros a pesar del lío que tenían montado. Y es que la plaza del castillo, que era ese nuevo escenario, era un hervidero de gentes ávidas de literatura, puestos de venta y autores ambulantes con mochilas llenas de libros. Una vez allí reconozco que me sentí un poco insignificante, pues descubrí que ser un autor independiente y desconocido en medio de una feria del libro (incluso una pequeñita como aquella) es como ser una piedra en el fondo de un barranco, de noche y lloviendo: nadie te ve. Pero como solo se vive una vez, no somos nadie y cuando crees que me ves hago chas, decidí levantar el culo de la silla y ponerme a repartir tarjetas a cuantos incautos se me acercaran. Libros no vendí demasiados, pero mi nombre, el de mi libro y mis direcciones web están en más de cincuenta carteras y bolsos de todo el pueblo.
 
Con las chicas de Viladrich, con las cuales no pudo el estrés.
Finalmente, y después de varios encuentros adicionales e inesperados con viejos amigos, recogí mis cosas y me marché, aprovechando para pararme a hablar con Rafel Durán, una autor local y también editor que lo está petando con “Pau” una novela de temática erótica la cual tuvo el detalle de cambiarme por mi libro y de la cual tengo pensado hablar en breve. Y no solo nos intercambiamos libros como futbolistas camisetas, sino que hablamos de cosas interesantes, entre ellas la de editar juntos mi próximo libro, lo cual vista la calidad de su “Pau” me llena de ilusión y me da más fuerzas para seguir adelante.
Y ya como resumen final: Un gran día. Inolvidable por muchos aspectos y que espero que no sea el último.

sábado, 15 de abril de 2017

Ser o no ser: Escritor



No me gusta utilizar el término “escritor” para definirme. Puede que haya publicado un libro y que quiera seguir haciéndolo en un futuro, pero definirme como escritor solo por ello me parece una exageración. No es que tenga nada en contra de esa palabra, pero en los pocos meses que llevo relacionándome con editores, libreros y demás, me está dando la sensación de que llamarse escritor está siendo utilizado más como un elemento de glamur que como un apelativo real de quien escribe. Me parece que muchos se cuelgan ese título como el que se pone un sombrero para estar más guapo y creo que ese no es un camino a seguir. Pero antes de continuar, voy a entretenerme en las distintas definiciones de la palabra.

escritor, ra
Del lat. scriptor, -ōris.
1. m. y f. Persona que escribe.
2. m. y f. Autor de obras escritas o impresas.
3. m. y f. Persona que escribe al dictado.
4. m. y f. desus. Persona que tiene el cargo de redactar la correspondencia de alguien.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Según la Real Academia Española (sí, soy fan de esta gente) tenemos cuatro definiciones de “escritor”. La primera no deja lugar a dudas: Si sabes escribir, eres escritor; al igual que si sabes nadar eres nadador y si duermes eres un durmiente. ¿Debería alguien colgarse una medalla por ello? A mi juicio no, pero por suerte no soy el único ya que la gran mayoría de personas se basan en la segunda definición “autor de obras escritas o impresas” para hacerlo. ¿Pero puede llamarse escritor alguien que ha publicado un libro, revista o artículo en un periódico local? Técnicamente sí, pero deberíamos tener en cuenta algunos matices.
En primer lugar hay que darse cuenta de que el mundo editorial ya no es lo que era (y no digo que haya ido a peor, sino que ha cambiado) ya que si hace unos años los únicos que veían sus obras impresas y en las estanterías de las librerías eran los elegidos por las grandes editoriales, hoy en día esto ha cambiado. Gracias a la aparición de pequeñas editoriales independientes y de las herramientas de edición e impresión online, cualquiera puede ver su idea convertida en libro con un mínimo esfuerzo e inversión monetaria. A causa de ello (repito que no lo digo de forma negativa ni peyorativa), decenas de cientos de libros que jamás habrían visto la luz, aparecen en catálogos online, pequeñas librerías y de la mano de sus autores en presentaciones, ferias y demás. ¿Significa esto que cualquiera puede llamarse escritor sin titubear? Por supuesto, pero sin olvidarse de que la palabra, aunque no haya sufrido cambios de por sí, está muy sobrevalorada.
Y es que los escritores forman parte de un colectivo que sigue siendo muy valorado entre la población. Hace medio siglo cuando alguien afirmaba ser músico, escultor o periodista, era automáticamente elevado a un estatus superior por dedicarse a algo que estaba fuera del alcance de los simples mortales; hoy en día tenemos reguetón, arte moderno y prensa rosa, con lo que tales profesiones son tratadas con mucha más cautela; pero decir “Hola me llamo Fulano y soy escritor” sigue manteniendo esa aura de majestuosidad.
A todo esto y a lo que iba con esta pequeña reflexión, es a que a pesar de que yo cumplo con tres de las cuatro acepciones que nos da la RAE para ser escritor de pleno derecho, no me gusta definirme así. Sé escribir, me he auto editado un libro y en el colegio escribí muchos dictados, pero no me parece justo definirme con un término tan bonito. Normalmente en conversaciones casuales no saco a relucir mi “hazaña” de tener un libro y si es el caso me defino como “autor” del mismo y no como “escritor” a grandes rasgos. De todos modos, si nos ponemos serios podemos buscar definiciones que definen (toma redundancia) a los escritores según el género que escriben con lo que podríamos desglosar la escritura en cinco ramas que son poesía, novela, ensayo, cuento y teatro, siendo sus autores poetas, novelistas, ensayistas, cuentistas y dramaturgos respectivamente. Teniendo en cuenta esto y en mi caso concreto, si alguien me preguntara algo al respecto debería responder que soy un cuentista, término más concreto y mucho menos pomposo que el de escritor.
Y así a modo de conclusión, repetiré que no me importa demasiado qué hagan los demás con sus calificativos, pero que a mí, personalmente, no me gusta utilizarlos así tan a la ligera ya que me parece una muestra de soberbia de la que puedo prescindir. Y que lo de cuentista, pensándolo bien, no me sienta tan mal.

lunes, 13 de marzo de 2017

Presentación en La Farándula





El pasado viernes acudí a la Librería Farándula, de Novelda para realizar la segunda presentación de mi libro, en lo que esperaba que fuera un ambiente distendido y familiar pero que a la vez me permitiera darme a conocer a personas fuera de mis círculos. Debo decir que a diferencia de la vez anterior en la que me presenté casi sin previo aviso al lugar, ésta vez llevaba detrás una pequeña campaña de márquetin a base de entrevistas en radio y televisión local, así como cartelería y difusión en redes sociales, además de contar con que La Farándula es una librería con gran reconocimiento a nivel provincial y casi me atrevería a decir que nacional.

Aparecí por allí un buen rato antes para familiarizarme con el entorno y respirar hondo, momento que aproveché para tener una pequeña charla sobre el mundillo literario con Augusto, el propietario del local, un hombre de apariencia seria pero jovial y muy hablador. Y debo reconocer que la conversación me resultó cuanto menos desmoralizadora. Yo tenía bastante claro que el mundo editorial tradicional estaba encontrando en internet un gran rival y que ello sumado a la proliferación de pequeños editores así como autores independientes, entre los cuales me hallo, estaban obligando a las grandes editoriales de toda la vida a adaptarse no con pocas dificultades. Lo que no tenía ni idea era que algunas de estas editoriales (Planeta, Anaya, etc…) estaban sumidas en verdaderas crisis, reduciendo plantilla, cerrando chiringuitos aquí y allá y realizando maniobras desesperadas para subsistir, perjudicando con ello, como no, a las pequeñas librerías.
Un panorama nada halagador para las librerías ni para los que como yo, preferimos elegir un libro aconsejados por el criterio de los profesionales del sector a acudir a los carteles de “Top ventas” del Carrefour. Pero se hacía tarde, la gente empezaba a llegar y era hora de posicionarse.


A las ocho y media en punto comenzó a entrar gente en el lugar. Reconocí a familiares, amigos, familiares de amigos y amigos de familiares, pero me sorprendió mucho el ver que al empezar la presentación no había ninguna cara desconocida para mí. El lugar estaba lleno de una forma más que aceptable, con casi todas las sillas ocupadas pero con un enorme vacío en el lugar que debería haber sido completado por personas convocadas por los medios. ¿Realmente nadie se había fijado en los carteles, la tele, las redes sociales..? ¿Realmente la literatura, incluso la de un autor desconocido atrae tan poco al público? Sentí cierto desánimo ante tal hecho pero tampoco estaba dispuesto a dejar que eso me afectara y comencé con lo mío.

Había preparado una presentación atípica, de pie en lugar de sentado, sin presentador y sin un guion escrito sino un esquema con puntos sobre los que improvisar. No era la primera vez, así que confié en salirme con la mía y empecé hablando de astronomía y de la probabilidad de extinción de la raza humana por la colisión de un asteroide y con ello el sentido que tenía preparar concienzudamente la presentación de un libro. Quizás me pasé porque lo que pretendía que fuera gracioso desconcertó un poco al público que no sabían qué cara poner. Luego pasé a los agradecimientos, en un tono más formal y a mi auto presentación, de nuevo en tono humorístico y que arrancó las primeras carcajadas de la audiencia. La cosa comenzaba a funcionar, los nervios se dispersaron y seguí a lo mío, intercalando momentos de humor con temas serios, la lectura de una poesía por parte de mi hija de siete años y explicando anécdotas que poco tenían que ver con el libro pero que entretuvieron a los asistentes hasta el final.


Cuando todo acabó recibí un aluvión de felicitaciones más dedicadas a lo inesperado del evento que a mi talento personal para ello, pero que me resultaron halagadoras hasta un punto peligroso, ya que cuando a uno le hinchan demasiado el ego corre el riesgo de perderse por las nubes. Pero la emoción duró lo justo, firmé algunos ejemplares vendidos y me retiré con la satisfacción de haber dado lo mejor de mí y haber recibido a cambio lo mejor de un público escaso pero más que suficiente.
Ojalá se repitiera pronto, o más tarde, pero pudiera tener la ocasión de volver a empuñar el micrófono y poder abrirme ante el público ya que resulta una experiencia sumamente liberadora en muchos sentidos. Y ahora, como cierre voy a copiar la crítica que me hizo Augusto como crónica de lo que había sido el evento ya que me resultó realmente emocionante.

Hay noches en las que una chispa inesperada prende en el espacio de nuestra librería iluminándola de una magia especial.

La presentación esta noche del libro de Josep Casanova, "Textos de mediocridad e hiperrrealismo" nos ha sorprendido y encantado.

El propio autor del libro ha sido el presentador de su obra. No ha necesitado a nadie más para hacerlo. Habría ensombrecido la ingeniosa y divertida manera con la que lo ha hecho. Josep Casanova, no sólo es un escritor en ciernes con un talento que si quiere le hará llegar lejos, es también, si decidiera ponerse a ello, un monologista dotado de un humor fino e inteligente que arranca la carcajada fácilmente, aunque dejando un poso de maliciosa ternura.

Os invitamos a sumergiros en la lectura del libro de Casanova.

"Textos de mediocridad e hiperrealismo", os sorprenderá, os entusiasmará, os convencerá.

No tenéis nada que perder y mucho que ganar.”

martes, 14 de febrero de 2017

La importancia de la voz y el tono



 
"Escritor pensando" de Leonid Pasternak
Siempre me ha gustado comparar la literatura con la pintura. En realidad me gusta compararla con cualquier forma de arte, ya que el arte es expresión pura, pero quizás sea la pintura la que mejor pueda compararse con lo que quiero explicar hoy.

Para el pintor nefasto, como es mi caso, cerrar los ojos e imaginar una bella imagen (soy bastante propenso a imaginar bellas damas cabalgando sobre blancos corceles hacia el ocaso) puede resultar sencillo. Pero abrir los ojos frente  a un lienzo en blanco y plasmarla tal y como se había imaginado, puede ser una tarea imposible. ¿Por qué? La respuesta es tan sencilla como que al ir a ejecutar nuestra obra debemos pasar de un plano puramente mental (imaginar) a uno puramente físico (pintar) y ese trasvase de talentos no siempre es posible sin haber adquirido una técnica previamente. Pero volvamos a la escritura.

Escribir resulta fácil para cualquiera de nosotros. A todos nos han enseñado a escribir desde muy pequeños (demasiado diría yo), mientras que no sabemos nada de otras expresiones artísticas. Pero incluso la escritura y la lectura nos son enseñadas de forma mecánica, con la intención de memorizar y transcribir textos. Eso nos deja algo alejados de las expresiones artísticas, pero no es tan complicado “despertar” la escritura como expresión de ideas. En mi anterior entrada hablé de la búsqueda de la inspiración y en ésta daré alguna clave para convertir esas ideas en textos.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que en el largo camino que va de nuestro cerebro hasta nuestra mano de sostener el bolígrafo, las ideas pueden atascarse, mutar y acabar expresando algo que no deseamos o no de la forma que deseamos. Es muy fácil dar por supuestos pequeños detalles que al omitirlos creen cierta confusión en el lector y que éste acabe desistiendo de leer nuestro texto, así como dar un exceso de información que acabe aburriéndolo. Y eso es algo terrible. Por eso existe la voz y el tono.

Podéis llamarlo truco o podéis llamarlo técnica, pero lo cierto es que es esencial que cuando escribimos un texto, sea ensayo o ficción, nos imaginemos sentados en una tranquila terraza (u otro enclave) explicándoselo a un conocido nuestro. Puede parecer una tontería, pero el hecho de poner nuestra voz al texto y buscar la forma de que esa persona (vale cualquiera, desde un familiar a ese amigo del cole que hace tanto que no vemos) hará que escribamos de forma clara y concisa. No queremos que esa persona se aburra con detalles excesivos ni que  se pierda nada por culpa de resúmenes excesivos. De este modo escribiremos con consciencia de crear un texto comprensible y por lo tanto estaremos un paso más cerca de tener éxito. Luego, por supuesto, queda mucho camino por delante, pero eso ya lo explicaré más adelante.

martes, 24 de enero de 2017

Un apunte sobre la inspiración

Representación de Urania, musa de la astronomía en la antigua Grecia.


Cuando tan solo era un chaval y comenzaba a sentir esto de la escritura como una pasión, recuerdo que solía esperar a la noche más oscura para recorrer las calles en busca de un lugar donde sentarme a escribir. Siempre acababa en un banco, sentado en el césped o tirado por cualquier rincón. Entonces esperaba allí, con una hoja en blanco sobre las rodillas y un boli en la mano a que llegase la inspiración. Curiosamente, yo tenía la idea de que la inspiración caía del cielo en forma de musa invisible que me susurraba al oído las palabras que yo iba garabateando sobre el papel. No siempre acudía, por supuesto, pero cuando lo hacía podía regresar a casa satisfecho, con una o dos páginas escritas entre las hojas de mi libreta.

En aquellos tiempos y en relación a mi punto de vista de cómo debía escribirse, miraba con cierto desdén a algunos escritores profesionales que afirmaban que la literatura se basaba en un trabajo duro y meticuloso, así como a los que asistían a cursos literarios. Para mí la literatura era algo tan personal y visceral que cualquier cosa que se alejara del puro impulso de la inspiración no merecía mi atención. Por supuesto, estaba equivocado. Por suerte, ahora lo sé y puedo enmendar ese error.

Ahora sé que la inspiración no está ahí, en el universo esperando a ser invocada, sino en nuestro interior esperando a ser hallada, domada y transformada en esos primeros bocetos que forman cualquier relato. Y esa búsqueda de inspiración forma parte del proceso de la escritura, al igual que la corrección o revisión del texto. La única diferencia es que es el primer paso a tomar. Realmente no hacía las cosas tan mal años atrás cuando me sentaba a mirar el cielo, solo que me faltaba la perspectiva para atribuirme todo el mérito. Tenía una técnica, de esas que se enseñan en los cursos caros para escritores, pero no era capaz de identificarla como tal y por lo tanto aún menos de vislumbrarla en los demás. Y es que no hay nada como hacerse viejo para volverse ligeramente más sabio.

miércoles, 18 de enero de 2017

De nervios y presentaciones

NOTA: Esta entrada fue publicada en El Día Del testículo el 26 de octubre de 2016
 
A veces a uno le pasan cosas, y otras veces se las busca. Y a veces incluso le pasan cosas porque se las ha buscado pero como sin querer. Y fue en esta coyuntura extraña donde me encontré este fin de semana, sentado en una mesa ante una abundante audiencia, micrófono en mano y con una tenue luz iluminando mi careto. Pero vamos a hacer memoria, que estoy empezando por el final.
Como ya sabréis, queridos lectores del blog, hace cosa de un mes y medio publiqué mi primer libro, llamado “Textos de mediocridad e hiperrealismo” impulsado por alguna fuerza interna que me pedía algo de individualismo en medio de una vida en la que no hacía más que recibir órdenes y llevarme collejas y bofetadas. No fue un proceso fácil, ya que por mi falta de tiempo y recursos logísticos, tuve que trabajar sólo frente al ordenador y encargarme no solo de seleccionar los relatos, poesías y demás que formarían el libro sino de revisarlos, corregiros, maquetarlos, buscar una imprenta (online, claro) y cruzar todos los dedos de mi cuerpo esperando a que todo esto no resultara en una enorme pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero. Pero no. La cosa salió bastante bien.
El libro se publicó, la gente se lo descargó en este mismo blog, algunos compraron su edición física y comencé a recibir críticas de toda índole con una notable inclinación hacia lo positivo. Y como ya se sabe que cuando a uno le alaban se vuelve un poco idiota, en un arranque de confianza decidí plantarme en mi pueblo natal (el otro), mover algunos contactos del mundo literario y organizar una presentación de esas de verdad, como los escritores de verdad que escriben libros de verdad. Y aunque técnicamente todo eso sería perfectamente aplicable en mí, no tardé en arrepentirme de haber tomado tan precipitada decisión.
No era la falta de confianza en mi libro. De hecho, eso era lo que me había llevado allí. El problema era la falta de confianza sobre mi propia persona. Yo, un tipo tímido que tartamudea a la mínima y que se queda paralizado cuando le miran más de dos personas a la vez, me había embarcado en algo que, aunque no iba a ser gran cosa para los posibles asistentes, superaba en mucho cualquiera de mis expectativas de consecución. De pronto me sentía como un pingüino que tuviese que cruzar el desierto (o como un chacal en el polo sur, que viene a ser lo mismo) y con la cosa ya anunciada como estaba, no parecía haber marcha atrás.
Y llegó el día. Os diría que esa noche no dormí pero sería irrelevante ya que llevaba como veinte noches sin pegar ojo. La gente me mandaba mensajes diciéndome que nos veríamos allí creyendo que así me animaban cuando en realidad me estaban hundiendo aún más en el barro negro y maloliente de mi desesperación. Había llegado mi fin, y además sería en público. Y seguro que alguien lo grabaría en video y lo subiría al yutube en plan “Gilipollas se muere en la presentación de su propio libro”.
Pero antes de seguir debo decir que estaba bien acompañado. La encargada de hacer mi presentación (la de mi persona) y leer algunos de los relatos del libro era Clara Salvadó, ex librera y una de las mayores personalidades en el tema literatura de la zona; mientras que el lugar elegido era el Llar, un bar/ sala de exposiciones dedicado a la cultura en general tal como conciertos, presentaciones, talleres, cursos… con un patio acogedor y un ambiente distendido a más no poder. Además del público entre el que contaba con viejos amigos, familiares… El único problema allí era yo, que me sentía tan inestable como un reactor nuclear ruso.

Entonces la cosa comenzó. Las luces se apagaron, Clara me hizo una presentación realmente emotiva y la gente escuchaba en silencio. Leyó una de las poesías, “Lugar” para ser más concretos, y me pasó el micrófono. Una gota de sudor resbaló por mi sien, esquivó mi oreja y llegó hasta la barbilla, donde decidió independizarse de mí y se arrojó sobre mi pantalón, falleciendo en el acto. Pero entonces pasó algo mágico. O al menos extraño. Fuera por el influjo del micrófono, que vuelve un poco artistas a las personas o porque mis nervios habían alcanzado tal punto de tensión que se quedaron en estasis, las palabras comenzaron a fluir de mi boca y fui capaz de pronunciar mi discurso de memoria y sin titubear. La gente reía y aplaudía, lloraba y saltaba en sus sillas y por un momento llegué a pensar que ya me había desmayado, golpeado con el canto de la mesa y que lo estaba soñando todo de camino al hospital. Pero no. Lo estaba haciendo bien. 

Finalmente Clara leyó uno de los relatos, llamado “De silencio y tiempo”, el cual arrancó algunas risas y exclamaciones por igual entre los oyentes, cosa que me llenó de orgullo (y satisfacción) hasta que pasé a la parte de publicidad, expliqué una última anécdota graciosa y todavía no había dicho adiós cuando me vi sorprendido por una avalancha de  gentes que venían a que les firmara el ejemplar que acababan de comprar. Y cuando digo avalancha lo digo desde el punto de vista de alguien que está sentado y se enfrenta, boli en mano, a una cola de gente que se pierde más allá del campo de visión. 
El resultado final de toda esta experiencia: Muchos libros vendidos (todos los que había llevado, de hecho), la alegría de haberme visto capaz de superar mi miedo escénico, aunque fuera con ayuda, las ganas de seguir escribiendo y como no, la sensación de que sí me desmayé golpeándome la cabeza y sigo en un hospital, debatiéndome entre la vida y la muerte con una sonrisa rara del que está soñando algo bonito.