martes, 24 de enero de 2017

Un apunte sobre la inspiración

Representación de Urania, musa de la astronomía en la antigua Grecia.


Cuando tan solo era un chaval y comenzaba a sentir esto de la escritura como una pasión, recuerdo que solía esperar a la noche más oscura para recorrer las calles en busca de un lugar donde sentarme a escribir. Siempre acababa en un banco, sentado en el césped o tirado por cualquier rincón. Entonces esperaba allí, con una hoja en blanco sobre las rodillas y un boli en la mano a que llegase la inspiración. Curiosamente, yo tenía la idea de que la inspiración caía del cielo en forma de musa invisible que me susurraba al oído las palabras que yo iba garabateando sobre el papel. No siempre acudía, por supuesto, pero cuando lo hacía podía regresar a casa satisfecho, con una o dos páginas escritas entre las hojas de mi libreta.

En aquellos tiempos y en relación a mi punto de vista de cómo debía escribirse, miraba con cierto desdén a algunos escritores profesionales que afirmaban que la literatura se basaba en un trabajo duro y meticuloso, así como a los que asistían a cursos literarios. Para mí la literatura era algo tan personal y visceral que cualquier cosa que se alejara del puro impulso de la inspiración no merecía mi atención. Por supuesto, estaba equivocado. Por suerte, ahora lo sé y puedo enmendar ese error.

Ahora sé que la inspiración no está ahí, en el universo esperando a ser invocada, sino en nuestro interior esperando a ser hallada, domada y transformada en esos primeros bocetos que forman cualquier relato. Y esa búsqueda de inspiración forma parte del proceso de la escritura, al igual que la corrección o revisión del texto. La única diferencia es que es el primer paso a tomar. Realmente no hacía las cosas tan mal años atrás cuando me sentaba a mirar el cielo, solo que me faltaba la perspectiva para atribuirme todo el mérito. Tenía una técnica, de esas que se enseñan en los cursos caros para escritores, pero no era capaz de identificarla como tal y por lo tanto aún menos de vislumbrarla en los demás. Y es que no hay nada como hacerse viejo para volverse ligeramente más sabio.

miércoles, 18 de enero de 2017

De nervios y presentaciones

NOTA: Esta entrada fue publicada en El Día Del testículo el 26 de octubre de 2016
 
A veces a uno le pasan cosas, y otras veces se las busca. Y a veces incluso le pasan cosas porque se las ha buscado pero como sin querer. Y fue en esta coyuntura extraña donde me encontré este fin de semana, sentado en una mesa ante una abundante audiencia, micrófono en mano y con una tenue luz iluminando mi careto. Pero vamos a hacer memoria, que estoy empezando por el final.
Como ya sabréis, queridos lectores del blog, hace cosa de un mes y medio publiqué mi primer libro, llamado “Textos de mediocridad e hiperrealismo” impulsado por alguna fuerza interna que me pedía algo de individualismo en medio de una vida en la que no hacía más que recibir órdenes y llevarme collejas y bofetadas. No fue un proceso fácil, ya que por mi falta de tiempo y recursos logísticos, tuve que trabajar sólo frente al ordenador y encargarme no solo de seleccionar los relatos, poesías y demás que formarían el libro sino de revisarlos, corregiros, maquetarlos, buscar una imprenta (online, claro) y cruzar todos los dedos de mi cuerpo esperando a que todo esto no resultara en una enorme pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero. Pero no. La cosa salió bastante bien.
El libro se publicó, la gente se lo descargó en este mismo blog, algunos compraron su edición física y comencé a recibir críticas de toda índole con una notable inclinación hacia lo positivo. Y como ya se sabe que cuando a uno le alaban se vuelve un poco idiota, en un arranque de confianza decidí plantarme en mi pueblo natal (el otro), mover algunos contactos del mundo literario y organizar una presentación de esas de verdad, como los escritores de verdad que escriben libros de verdad. Y aunque técnicamente todo eso sería perfectamente aplicable en mí, no tardé en arrepentirme de haber tomado tan precipitada decisión.
No era la falta de confianza en mi libro. De hecho, eso era lo que me había llevado allí. El problema era la falta de confianza sobre mi propia persona. Yo, un tipo tímido que tartamudea a la mínima y que se queda paralizado cuando le miran más de dos personas a la vez, me había embarcado en algo que, aunque no iba a ser gran cosa para los posibles asistentes, superaba en mucho cualquiera de mis expectativas de consecución. De pronto me sentía como un pingüino que tuviese que cruzar el desierto (o como un chacal en el polo sur, que viene a ser lo mismo) y con la cosa ya anunciada como estaba, no parecía haber marcha atrás.
Y llegó el día. Os diría que esa noche no dormí pero sería irrelevante ya que llevaba como veinte noches sin pegar ojo. La gente me mandaba mensajes diciéndome que nos veríamos allí creyendo que así me animaban cuando en realidad me estaban hundiendo aún más en el barro negro y maloliente de mi desesperación. Había llegado mi fin, y además sería en público. Y seguro que alguien lo grabaría en video y lo subiría al yutube en plan “Gilipollas se muere en la presentación de su propio libro”.
Pero antes de seguir debo decir que estaba bien acompañado. La encargada de hacer mi presentación (la de mi persona) y leer algunos de los relatos del libro era Clara Salvadó, ex librera y una de las mayores personalidades en el tema literatura de la zona; mientras que el lugar elegido era el Llar, un bar/ sala de exposiciones dedicado a la cultura en general tal como conciertos, presentaciones, talleres, cursos… con un patio acogedor y un ambiente distendido a más no poder. Además del público entre el que contaba con viejos amigos, familiares… El único problema allí era yo, que me sentía tan inestable como un reactor nuclear ruso.

Entonces la cosa comenzó. Las luces se apagaron, Clara me hizo una presentación realmente emotiva y la gente escuchaba en silencio. Leyó una de las poesías, “Lugar” para ser más concretos, y me pasó el micrófono. Una gota de sudor resbaló por mi sien, esquivó mi oreja y llegó hasta la barbilla, donde decidió independizarse de mí y se arrojó sobre mi pantalón, falleciendo en el acto. Pero entonces pasó algo mágico. O al menos extraño. Fuera por el influjo del micrófono, que vuelve un poco artistas a las personas o porque mis nervios habían alcanzado tal punto de tensión que se quedaron en estasis, las palabras comenzaron a fluir de mi boca y fui capaz de pronunciar mi discurso de memoria y sin titubear. La gente reía y aplaudía, lloraba y saltaba en sus sillas y por un momento llegué a pensar que ya me había desmayado, golpeado con el canto de la mesa y que lo estaba soñando todo de camino al hospital. Pero no. Lo estaba haciendo bien. 

Finalmente Clara leyó uno de los relatos, llamado “De silencio y tiempo”, el cual arrancó algunas risas y exclamaciones por igual entre los oyentes, cosa que me llenó de orgullo (y satisfacción) hasta que pasé a la parte de publicidad, expliqué una última anécdota graciosa y todavía no había dicho adiós cuando me vi sorprendido por una avalancha de  gentes que venían a que les firmara el ejemplar que acababan de comprar. Y cuando digo avalancha lo digo desde el punto de vista de alguien que está sentado y se enfrenta, boli en mano, a una cola de gente que se pierde más allá del campo de visión. 
El resultado final de toda esta experiencia: Muchos libros vendidos (todos los que había llevado, de hecho), la alegría de haberme visto capaz de superar mi miedo escénico, aunque fuera con ayuda, las ganas de seguir escribiendo y como no, la sensación de que sí me desmayé golpeándome la cabeza y sigo en un hospital, debatiéndome entre la vida y la muerte con una sonrisa rara del que está soñando algo bonito.

lunes, 2 de enero de 2017

La necesaria primera entrada.



Escribir la primera entrada de un blog nunca es tarea fácil. Toca presentarse, explicar en qué consistirá este proyecto y tratar de convencer a posibles lectores de que va a merecer la pena estar atentos a futuras entradas sin tener nada más que ofrecer de momento. Es casi una cuestión de fe. Pero como la fe es algo a lo que no se puede apelar, voy a comenzar con la necesaria explicación.
Me llamo Josep, y por primera vez me presento con mi nombre real, ya que creo que es lo más adecuado para el contenido de este nuevo blog, que va a ser el plasmar mi faceta pública. Soy (o pretendo ser) escritor, ya que se podría debatir sobre si escritor es el que vive de las palabras escritas, el que publica libros o artículos con regularidad o simplemente el que gusta de escribir, aún sin hacerlo público. Estoy seguro de que hablaré de ello en futuras entradas, pero ahora no es el momento. 

Éste no es mi primer blog, ni siquiera el segundo. Desde hace años escribo regularmente en “El blog mediocre”, dedicado a mis aficiones como son los juegos, la literatura, etc… contado desde un punto de vista informal, sin pretensiones de pseudo-periodismo (de ahí el nombre del blog); poco después abrí el segundo blog al cual llamé “El día del testículo” (me pareció un nombre gracioso basado en el videojuego “El día del tentáculo”) para hablar de mi vida, de las cosas que me pasan y básicamente, de todo aquello que se me pasara por la cabeza a modo de diario exagerado de una vida normal y común. Hasta este momento he logrado mantener ambos blogs durante más de cinco años siendo actualizados casi semanalmente, lo cual echando la vista atrás y viendo el poco tiempo libre del que dispongo me resulta poco más que una proeza. Pero este año pasado algo cambió.
Animado por algunos lectores de mis blogs me decidí a publicar mi primer libro “Textos de mediocridad e hiperrealismo”, el cual contenía relatos, poemas y otros escritos de mi época pre-blog, junto con otros más actuales pero bastante alejados de la temática a la que mis lectores estaban acostumbrados. No voy a hablar aquí del éxito relativo que tuvo el libro, pero sí del hecho que mucha gente me recomendó abrir una página dedicada exclusivamente a mi faceta como escritor. Las opciones eran muchas, pero por familiaridad decidí que esa página debía ser un tercer blog. Y aquí está.

La idea es subir aquí las actualizaciones referentes al libro para no spamear los otros blogs (aunque seguramente siga haciéndolo al final), así como exponer mis ideas, experiencias y quizás también recomendaciones literarias. No sé si todo esto va a acabar por saturarme y hacerme abandonar esta afición de escribir en internet o si por el contrario va a resultar revitalizante, pero sea como sea voy a tomármelo como un paso adelante en el camino que acabo de emprender.

Un saludo.
Josep.