miércoles, 14 de junio de 2017

La importancia de escribir ficción



A menudo me encuentro con personas que se muestran muy interesadas en lo que escribo o leo y me preguntan sobre qué escribo o de qué va eso que tengo en las manos. Son preguntas sencillas que sin embargo, a veces resultan difíciles de responder debido a los matices que existen dentro de un mismo género, pero siempre, o casi siempre, me parece detectar cierta decepción cuando pronuncio la palabra “ficción”. Sé que no es algo generalizado, pero hay mucha gente que lo consideran un género inferior y hay quien incluso me responde con cierta soberbia que lo que a él/ ella le gusta es la historia o, en su defecto, leer biografías de personajes históricos. No suelo responder, pero sí me hace pensar en que todavía estamos muy condicionados por lo que nos han definido como “ficción” y “realidad”, así que voy a hacer un pequeño apunte sobre estos términos.

La ficción está en todas partes. Los libros de historia están llenos de ella. ¿Habéis oído alguna vez la frase “la historia la escriben los que ganan las guerras”? Pues tiene mucho más sentido y es mas literal que lo que algunos piensan. La historia que estudiamos en el colegio es pura ficción; es una novela basada en hechos reales que ha edulcorado y maquillado tanto la realidad que ha dejado de serlo. Recuero ahora mismo un artículo que leí hace poco sobre el Cid Campeador, ese héroe cristiano que expulsó a los moros de España y se convirtió en el mayor héroe patrio del cristianismo. Según ese artículo escrito por un historiador neutral (y que conste que no he podido contrastarlo ni asegurarme de su veracidad, pero lo uso como ejemplo por el contraste con la historia oficial), el Cid fue el líder de una banda de mercenarios sin moral ni escrúpulos que alquilaban sus servicios al mejor postor, luchando contra moros y cristianos por igual. Según decía tal artículo, el Cid habría matado a más cristianos que moros pero una casualidad temporal le situó en el bando cristiano en el momento adecuado y se convirtió en el héroe que hoy conocemos.
Otro ejemplo de ficciones camufladas son, como he dicho antes, las biografías que nos muestran las vidas de personajes de toda índole cargadas de aventuras, sabias decisiones y frases que hacen historia. ¿Debemos creérnoslo? Por supuesto que no. Me niego a creer que alguien como Albert Einstein, que era un matemático que según dicen siempre vestía igual para no perder tiempo pensando qué ponerse y así estudiar más, tuviera una vida emocionante. ¿Y porqué inventarse la vida de los demás? Muy simple. Para dotarla de atractivo y que el mundo se interese por ella. Y así, en ambos ejemplos, sea El Cid o Einstein, es necesario escribir ficción para hacer de sus existencias algo más allá de lo mediocre.

Yo escribo ficción. Y lo hago por que soy un mal escritor y se me da mejor inventar historias que escribirlas. Tratar de documentarme y transformar algo aburrido como la vida de un matemático en una lectura interesante me resulta imposible. Pero contar historias es sencillo, una vez creadas. Y no dejo de preguntarme qué sería de la humanidad sin la ficción, ya no solo a nivel entretenimiento sino también en lo que representa nuestra cultura y, porqué no decirlo, la evolución de nuestra especie. Y aunque no quiero alargarme demasiado con este tema, creo que es necesario indagar en este tema.

Estoy seguro de que los hombres de las cavernas basaban buena parte de su tiempo libre en la ficción. No me creo que unas gentes que vivían en cuevas y se juntaban junto a una hoguera todas las noches no crearan historias fantásticas para entretener a los suyos a la espera de que se inventara la televisión. Imagino cacerías trepidantes, seres gigantescos y recuerdos ficticios de grandes cazadores legendarios. Estoy seguro de que el ser humano evolucionó, creció y se expandió en parte gracias a estos cuentos que alimentaban la imaginación y las ansias de ser mejores y llegar más lejos. Y a partir de ahí, la ficción no solo fue un entretenimiento sino que se asimiló como parte de la vida misma, fundiéndose con la realidad. El amor, la religión… Ficción encarnada en nuestra cultura y nuestro ser para elevar nuestras existencias más allá de lo que en realidad somos, que no es otra cosa que monos sin pelo que han perdido el norte.

Y no quiero alargarme más. Sólo decir para terminar que escribir/ leer ficción es importante, pues nos hace soñar, nos abstrae de nuestra cotidianeidad y quien sabe, quizás sirve para aportar nuestro granito de arena en la historia universal de los humanos del futuro.


domingo, 4 de junio de 2017

Sobre los libros de "verdad"





Aunque escribir es algo que a día de hoy, afortunadamente sabemos hacer todos, no deja de ser una acto íntimo, ya sea escribir grandes poemas desde lo más profundo del alma hasta la lista de la compra antes de salir de casa. Es rara la gente que escribe de forma pública, ya sea en blogs, revistas o cualquier otro tipo de publicación. Es por ello que cuando alguien se entera de que he publicado un libro, suele generarle cierta sorpresa, generalmente a un nivel de simple curiosidad y no tan habitualmente con una magnitud mucho más desproporcionada.

Hace muy poco una persona con la que suelo cruzarme habitualmente en el trabajo me preguntó sorprendido si era verdad eso que decían por ahí y cuando se lo confirmé no pudo contener su asombro y me preguntó si lo que había escrito en el libro me lo había inventado yo. No supe qué responder. Del mismo modo me han preguntado si he escrito un "libro de verdad" o si es "un libro de librería". Realmente todas estas preguntas no hacen más que generarme dudas. ¿Cómo son los libros de mentira? ¿Son esos que los abres y en lugar de páginas ocultan una petaca de whisky? ¿Y qué tipo de libros no se venden en librerías? ¿Hay libros de charcuterías o droguerías?

La conclusión que saco de todo esto es que para las personas que no tienen costumbre de escribir o leer , el mundo editorial les resulta algo tan lejano, que incluso un autor marginal como yo se les antoja todo un héroe de la cultura y el saber. Pero ciertamente, si uno se asoma un poco a este mundillo se da cuenta de que la realidad es muy distinta, ya que existe una sobresaturación de autores, editoriales y sobretodo títulos, que por suerte o por desgracia nos caen encima como una avalancha cada vez que intentamos bucear un poco por la red.
Hace muy poco leí un artículo-denuncia en el que algunas editoriales pequeñas se quejaban de que las habían excluido de la gran Feria del Libro de Madrid, con la excusa de que la autoedición no tenía cabida en esa feria. ¿Está mal? Por supuesto. ¿Me extraña tal comportamiento? No demasiado. Y el motivo es que la cantidad de pequeñas editoriales, autores que se autoeditan y otras que han crecido al margen de la industria de libros convencional son tantas, que amenazan con desestabilizar el sistema que hasta ahora impera en este pequeño gran mundo de los libros.

Las librerias agonizan, dicen. Los grandes autores no llegan a las ventas esperadas, nos cuentan. El libro electrónico está acabando con las publicaciones en papel, nos alarman... Pero lo cierto es que las nuevas tecnologías han abierto una puerta a nuevos (y no tan nuevos autores) que aparecen como setas tras un día lluvioso y que presentan obras de tanta o más calidad que los que venden millones de libros y se anuncian con vistosos carteles. Y teniendo en cuenta esto, es normal que los grandes dinosaurios como es el caso de Planeta, vean amenazada su superioridad y se defiendan torpemente publicando libros de rentabilidad asegurada (biografías de famosos, novelas escritas de cualquier manera por youtubers o twiteros famosos, libros de autoayuda...), convirtiéndose en la pes(c)adilla que se muerde la cola.

Así pues y resumiendo lo arriba dicho: Aunque cause sorpresa entre algunos el hecho de escribir (y publicar), si uno echa un vistazo rápido puede comprobar que no es tan raro ni admirable, y que al final lo único que debemos hacer es centrarnos en qué nos gusta y averiguar como encontrarlo, independientemente de que nos restrieguen ciertos títulos y autores por la cara cada vez que vamos a unos grandes supermercados o librerías famosas. En definitiva, los tiempos están cambiando, tanto para las editoriales, los autores y como no, los lectores.