domingo, 4 de junio de 2017

Sobre los libros de "verdad"





Aunque escribir es algo que a día de hoy, afortunadamente sabemos hacer todos, no deja de ser una acto íntimo, ya sea escribir grandes poemas desde lo más profundo del alma hasta la lista de la compra antes de salir de casa. Es rara la gente que escribe de forma pública, ya sea en blogs, revistas o cualquier otro tipo de publicación. Es por ello que cuando alguien se entera de que he publicado un libro, suele generarle cierta sorpresa, generalmente a un nivel de simple curiosidad y no tan habitualmente con una magnitud mucho más desproporcionada.

Hace muy poco una persona con la que suelo cruzarme habitualmente en el trabajo me preguntó sorprendido si era verdad eso que decían por ahí y cuando se lo confirmé no pudo contener su asombro y me preguntó si lo que había escrito en el libro me lo había inventado yo. No supe qué responder. Del mismo modo me han preguntado si he escrito un "libro de verdad" o si es "un libro de librería". Realmente todas estas preguntas no hacen más que generarme dudas. ¿Cómo son los libros de mentira? ¿Son esos que los abres y en lugar de páginas ocultan una petaca de whisky? ¿Y qué tipo de libros no se venden en librerías? ¿Hay libros de charcuterías o droguerías?

La conclusión que saco de todo esto es que para las personas que no tienen costumbre de escribir o leer , el mundo editorial les resulta algo tan lejano, que incluso un autor marginal como yo se les antoja todo un héroe de la cultura y el saber. Pero ciertamente, si uno se asoma un poco a este mundillo se da cuenta de que la realidad es muy distinta, ya que existe una sobresaturación de autores, editoriales y sobretodo títulos, que por suerte o por desgracia nos caen encima como una avalancha cada vez que intentamos bucear un poco por la red.
Hace muy poco leí un artículo-denuncia en el que algunas editoriales pequeñas se quejaban de que las habían excluido de la gran Feria del Libro de Madrid, con la excusa de que la autoedición no tenía cabida en esa feria. ¿Está mal? Por supuesto. ¿Me extraña tal comportamiento? No demasiado. Y el motivo es que la cantidad de pequeñas editoriales, autores que se autoeditan y otras que han crecido al margen de la industria de libros convencional son tantas, que amenazan con desestabilizar el sistema que hasta ahora impera en este pequeño gran mundo de los libros.

Las librerias agonizan, dicen. Los grandes autores no llegan a las ventas esperadas, nos cuentan. El libro electrónico está acabando con las publicaciones en papel, nos alarman... Pero lo cierto es que las nuevas tecnologías han abierto una puerta a nuevos (y no tan nuevos autores) que aparecen como setas tras un día lluvioso y que presentan obras de tanta o más calidad que los que venden millones de libros y se anuncian con vistosos carteles. Y teniendo en cuenta esto, es normal que los grandes dinosaurios como es el caso de Planeta, vean amenazada su superioridad y se defiendan torpemente publicando libros de rentabilidad asegurada (biografías de famosos, novelas escritas de cualquier manera por youtubers o twiteros famosos, libros de autoayuda...), convirtiéndose en la pes(c)adilla que se muerde la cola.

Así pues y resumiendo lo arriba dicho: Aunque cause sorpresa entre algunos el hecho de escribir (y publicar), si uno echa un vistazo rápido puede comprobar que no es tan raro ni admirable, y que al final lo único que debemos hacer es centrarnos en qué nos gusta y averiguar como encontrarlo, independientemente de que nos restrieguen ciertos títulos y autores por la cara cada vez que vamos a unos grandes supermercados o librerías famosas. En definitiva, los tiempos están cambiando, tanto para las editoriales, los autores y como no, los lectores.

2 comentarios:

  1. Muy de acuerdo con tu reflexión, pero la realidad es que escribir un libro, y ya no hablamos de una novela, es algo tremendamente difícil. Las cosas como son.

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    1. Yo diría relativamente difícil. La gran diferencia está en la dificultad de publicar; hace unos años era practicamente imposible si no tenías el favor de una editorial; hoy día cualquiera puede hacerlo con un mínimo de esfuerzo (y dinero).
      Hace unos años seguramente nos perdimos grandes obras que no pasaron la criba d elos editores minetras que hoy en día nos las perdemos por quedar "sepultadas" entre muchas otras publicaciones.

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