sábado, 1 de julio de 2017

El crimen de dejar un libro a medias

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Parece ser que existen ciertos tabúes con los libros y la literatura que algunos utilizan como si de normas férreas se tratara cuando en realidad, no hacen más que emponzoñar un acto íntimo y personal como es el de leer. Y uno de esos tabúes, con el cual me he encontrado muchas veces, es el de sentirse con la obligación de terminar todo libro que se empieza.

"Yo hace tiempo que no leo porque empecé un libro, no me gustó y lo tengo allí esperando en el cajón de la mesita", "hasta que no termine el que tengo entre manos... pero es que no me está enganchando nada", "me recomendaron un libro buenísimo pero es que se me ha atragantado y voy a tener que empezarlo otra vez a ver si mejora..." son frases que he oído y seguro que no he sido el único. Frases que me dan pena porque son síntomas de la escasa cultura literaria que tenemos, al ver (y mostrar) los libros como obligaciones más que como simples formas de entretenimiento. ¿Porque cuantos hemos dejado a medias una pelicula o videojuego sin que nos haya supuesto un motivo de vergüenza o desasosiego? "Es que esa peli era un rollo" o "no me van ese tipo de juegos y he empezado otro" son frases también comunes y que apelan a mucha más naturalidad. ¿Por qué no hacer lo mismo con los libros? Quizás porque los dotamos de un simbolismo que en realidad no poseen.

Hay libros malos, escritores malos, libros y escritores buenos pero que escriben para un público que no somos nosotros... Hay momentos en la vida para cierto tipo de literatura e incluso momentos para ninguna literatura o para toda. Yo he pasado largas temporadas sin leer nada en absoluto y otras en las que devoraba cualquier libro que caía en mis manos, pero incluso en esos momentos de èxtasis lector, he tenido que dejar a medias algunos. Lo más llamativo me sucedió con una novela llamada "Oscuro como la tumba en la que yace mi amigo", de Malcom Lowry. La vi por casualidad en mi librería y me llamó poderosamente su título ya hacía poco que había fallecido un amigo mio y me resultó muy evocador. No sabía que ese autor era precisamente famoso por lo lenta y densa de su escritura. Tuve que dejarlo con apenas cuarenta páginas leídas. Y reconozco que no me sentí del todo bien aparcandolo en una estantería, pero no quería sacrificar futuras lecturas por empecinarme en terminarlo. Hace poco, quince años después de habero abandonado, decidí quitare el polvo y darle una segunda oportunidad; pensé que la madurez me permitiría disfrutarlo como no supe hacerlo con veintipocos, pero no. Seguía pareciéndome un tostón. Aunque esta vez no sentí tanta tristeza. Malcom Lowry es considerado un gran escritor, pero sin duda no escribe para mi.

Es por ello que me gusta repetir, cuando tengo ocasión de hablar frente al público, o como ahora a través de este blog, que tener unos hábitos de lectura sanos es algo muy importante, como no leer con la tele puesta o en la cama después de un día agotador, pero que a veces saber cuando retirarse ante una lectura no provechosa, puede ser una buena opción, nada reprobable y que quizás nos abra la puerta a otra lectura más adecuada... O si no, siempre podemos retomarla en quince años a ver qué pasa.

*Ilustracion del libro Bibliomanía, para la editorial Gadir.

3 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo. Yo dejé a medias el Silmarillion. Me pareció un tostón difícil de seguir y después de más de 15 años no tengo intención de retomarlo. Me pasó también con el cómic From Hell, denso donde los haya.

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    1. El Simiarilion también lo dejé, aunque no sabría si decir "a medias", ya que poco llegué a leer. Me pareció más un listín telefónico que una novela.
      Después le siguieron otros, aunqe por lo general termino lo que empiezo.

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