domingo, 27 de agosto de 2017

Pues esto ya está aquí...




Aparece una idea, como un fogonazo. La descartas. Regresa, esta vez más nítida y piensas “Vaya, quizás se podría sacar algo de esta gilipollez”, pero la dejas escapar de nuevo. Reaparece una vez más y eso solo puede significar que eso es algo, así que la atrapas y la escribes, luego otra y otra… Se llenan páginas con esqueletos de historias algunas de las cuales acaban irremediablemente en la papelera pero otras, milagrosamente, van cobrando forma, cuerpo y sentido. Al final el trabajo está “terminado”, pero queda lo más duro. Revisar, corregir, maquetar, transformar tanta palabra e algo parecido a un libro y luego… La Decisión. “¿Busco un editor que me haga el trabajo sucio o me ensucio yo mismo con mi trabajo?” Parece algo trivial. “¿Qué más da si al final lo único que quiero es ver mi trabajo en papel?” Pero es algo esencial. Al final la presteza gana camino a los convencionalismos y el libro sale de imprenta, radiante, precioso, como un hijo del que sentirse orgulloso… ¿Y ahora?

Ahí estoy yo... cerquita de la Terelu.
"Ahora" es donde estoy ahora. Mi segundo libro “La onomatopeya del ladrido, y otros relatos pulp” está en la calle, por fin, humildemente pero a disposición del gran público. Ahora el mundo puede juzgarme y es cuando me doy cuenta de que pude cometer cientos de errores desde que decidí capturar esa idea, como si fuera una mariposa y transformarla. Ahora mismo me parece que pedirle dinero a un desconocido para que pueda leer esas… cosas que escribí es una gran responsabilidad y un gran riesgo. Ahora me siento vulnerable, pero no puedo echarme atrás. 

Durante más de un año éste ha sido mi libro, en el cual yo podía hacer y deshacer a voluntad, pero hoy deja de serlo. Hoy se independiza, se marcha de casa y no puedo hacer otra cosa que desearle lo mejor y esperar que me traiga buenas noticias. 

Hoy mi “Onomatopeya…” es vuestra “Onomatopeya…” y os invito a que conozcáis el libro, lo disfrutéis y que no seáis muy duros con él. Soy un padre muy sensible.

Más información sobre cómo adquirir el libro AQUÍ.

viernes, 18 de agosto de 2017

La onomatopeya del ladrido (último avance del libro)

La "onomatopeya del ladrido" es el primer relato que escribí para el libro y también el más extenso, por lo que decidí que la recopilación entera debía llevar su nombre... Además de que es un título que me encanta.
Mucha gente me ha preguntado el porqué de ese título, así que he decidido que no hay mejor forma de presentar el relato que con la parte en la que se hace patente tal decisión.


"A la mañana siguiente se levantaron renovados. El Sol brillaba afuera y el paisaje, iluminado por la luz del día y la humedad de la tormenta, presentaba una belleza inigualable. Encinas, pinos silvestres y acebos daban cobijo a aladiernos, madroños y tejos, que a su vez guarecían a decenas de especies animales de toda índole. El aire olía bien, casi tanto como la cocina donde estaban preparando los desayunos.
Celonio y Berilio se asearon, se vistieron y bajaron a hacerse con una mesa. El fuego ardía de una forma mucho más humilde que la noche anterior, ya que esta vez sólo había un grupo de señores mayores compartiendo la estancia con ellos. Celonio aprovechó que la avispa había salido a oler unas flores cerca de la ventana para preguntar.
Entonces… ¿Qué piensas hacer?
He estado pensando y… —Berilio dio un mordisco a la tostada con tomate antes de continuar, sin duda para dotar de emoción a su respuesta—. Creo que viviré. Este mundo no está tan mal como para dejar que sea arrasado a saber por qué dios primigenio. ¿No crees?
Celonio se encogió de hombros. Para él, seguir viviendo o morir junto con el resto de humanidad no era un tema a tener en cuenta. En esos momentos, de hecho, le preocupaba más el saber dónde estaba el salero. Y el salero estaba justo en la mesa de al lado, en poder de los cuatro viejos que en esos momentos estaban discutiendo sobre un tema tan apasionante, que los dos protagonistas de esta historia no osaron interrumpir, para saber cómo acabaría.
Por lo visto, uno de los viejos, al que llamaremos a partir de ahora Viejo1 aseguraba que la forma correcta de escribir el ladrido de un perro era “guau”, mientras que el otro, Viejo2 decía que era, de toda la vida “bup”. Pero como justamente corresponde a una discusión de ese calibre, habían más discrepancias, ya que Viejo 3 apostaba por “worf”, a lo que los otros consideraban un anglicismo, con lo que Viejo3 defendía que en idiomas animales no pueden haber anglicismos, ya que eso compete a lenguajes humanos. Viejo4 por su parte, fuera por convicción o simplemente por echar más leña al fuego, dijo que lo correcto era escribir “llap” a lo que los otros tres respondieron que qué perro tenía él para que sonara así.
Y la discusión fue creciendo en intensidad, las palabras subiendo de volumen y ante la atónita mirada de Celonio y Berilio, los cuatro viejos comenzaron a ladrar, cada uno según su criterio de pronunciación, mientras se arrojaban los platos sucios a la cabeza para acabar tirando la mesa al suelo y persiguiéndose, ladrido en boca, por todo el comedor. La cosa terminó con el dueño del local ahuyentándolos a escobazos hasta que encontraron la puerta y salieron corriendo por el monte, en busca de alguna liebre sin duda.
Berilio sacudió la cabeza y Celonio sabía que ese gesto significaba un cambio de opinión. Después de la escena cualquiera se sentiría decepcionado con una humanidad capaz de romper su decoro y comportamiento por una simple discusión. Ambos miraron a la puerta y supieron que la humanidad estaba condenada a causa de la onomatopeya del ladrido."

sábado, 12 de agosto de 2017

El incidente de Belén (fragmento incluido en el libro)

Al igual que en el anterior avance, éste "El incidente de Belén" es una revisión de un clasico como es la aparición de los tres reyes de oriente en el portal de Belén que he decidido ampliar añadiendo algunas cosas de mi cosecha como artes marciales, viajes en el tiempo y terribles maldiciones. Espero que el resultado final guste y aquí queda este pequeño fragmento.


"La muchacha se dejó caer boca abajo en la cama. Su cabello rubio se había pegado a su cara con el sudor. Estaba agotada. La escena se había alargado más de lo previsto y además su compañero no le había dado tregua. Tenía la piel blanca como la nieve y ésta estaba cubierta de pequeñísimas gotas de sudor que brillaban bajo la luz de los focos. Giró la cabeza y se incorporó ligeramente, movió el trasero hacia un lado y, dejando ver uno de sus generosos pechos, miró directamente al hombre que de pie junto a ella se colocaba un albornoz. Era Sam, la nueva estrella del cine para adultos; alto, fuerte y con la piel negra como el carbón; su miembro seguía semi erecto y le colgaba hasta las rodillas demostrando que a veces, algunos tópicos raciales son ciertos.
¿Te he hecho daño? —le preguntó Sam a la muchacha.
Sabes que puedo con esto y con mucho más —respondió ella señalando con la vista a su entrepierna antes de echarse a reír.
Sam sonrió al ver que todo había ido bien y salió del decorado abrochándose el albornoz para meterse en su camerino. Había llegado hacía relativamente poco a los Estados Unidos pero muy pronto se interesó por la industria del cine x y decidió instalarse en Silicon Valley, justo al ladito de Hollywood donde los sueños se hacen realidad; tras unas cuantas apariciones en películas del montón, estaba rodando la que sería su mayor éxito: “Tócamela otra vez, Sam”, destinada a convertirse en un gran clásico a la altura de “Garganta profunda” o “Debbie does Dallas”.
Estaba aseándose para la siguiente escena cuando un mensajero le trajo una carta extraña; en el interior de un sobre ordinario de correos había otro, y otro y otro, cada vez más antiguos hasta revelar una nota escrita a mano en un pergamino amarillento. Sam la leyó con interés pues iba dirigida a un tal Baltasar, y hacía más de dos mil años que nadie se dirigía a él con ese nombre.
Treinta minutos para rodar, Sam —le interrumpió alguien desde la puerta.
Creo que tendremos que rodar la última escena ahora mismo —respondió él—. He quedado con un viejo amigo. Aunque me temo que van a ser dos."

NOTA: Este relato, en versión borrador, fue publicado hace unos años en mi blog "El día del testículo". En el libro "La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp" estará la versión corregida, revisada y reescrita.

sábado, 5 de agosto de 2017

Fragmento de "La venganza de Caperucita".

Al contrario que "En busca de Wonderland", cuyo adelanto podéis leer en la entrada anterior y que se trata de una historia completamente original, ésta "Venganza de Caperucita" está basada en el famoso cuento de Caperucita Roja que todos conocemos pero añadiendo un final alternativo, mucho más oscuro, en lugar del típico "fueron felices y comienron perdices". 
El relato completo se incluirá en el libro "La onomatopeya del ladrido" que se publicará en breve.

"La luz de la antorcha alumbró la figura del lobo, que salía casi arrastrándose desde un pequeño agujero en la pared de roca. Su pelaje estaba sucio y su cuerpo extremadamente delgado era sostenido a duras penas por cuatro finas patas temblorosas que parecían a punto de quedarse sin fuerzas con cada paso. Sus ojos, que relucían con el color de las mismas llamas que le alumbraban se clavaron en ella y una enorme boca repleta de dientes amarillentos se entreabrió.
—¿Has venido a regodearte en mi desgracia, niña? —dijo el lobo con una voz áspera y pesada.
—N… No —fue todo lo que ella se atrevió a decir.
—¿Y entonces a qué se debe tu presencia si no es para admirar lo que los humanos habéis hecho conmigo? Apenas soy una sombra de lo que fui, y todo gracias a la fama que tú y los tuyos me creasteis —dijo con una voz tan oscura como una tumba.
—Sé que no fuiste tú —acertó a decir Caperucita a pesar de su miedo.
El lobo pareció enmudecer y sus ojos se abrieron hasta adquirir una expresión de sorpresa que rápidamente volvió a convertirse en la calma amenazante característica de los de su especie.
—Eso ya lo sabía yo, niña. Solo que a nadie nunca se le ocurrió preguntar mi opinión.
—Porque todos te temen.
—¡Por supuesto que me temen! —aulló—. ¡Os habéis asegurado de que así fuera!
Caperucita dio un gran paso atrás, asustada por la furia del lobo y se encontró con la pared de la cueva. Instintivamente colocó la antorcha entre ella y el animal pero éste no pareció amedrentarse y se colocó tan cerca de ella que por fuerza debía de estar quemándose.
—Todo fue un plan del cazador —dijo Caperucita sollozando sin parar—. Se disfrazó de ti para impresionarme y quedarse conmigo. He sido su trofeo y su criada durante todos estos años.
El lobo retrocedió, alejándose de ella y del fuego.
—Entonces te repetiré la pregunta que te he hecho cuando has entrado aquí —dijo el lobo con más calma—. ¿A qué has venido a mi cueva, Caperucita? ¿En qué puede ayudarte este viejo y cansado lobo?
—Venganza —dijo ella con odio.
El lobo se relamió los dientes."