sábado, 12 de agosto de 2017

El incidente de Belén (fragmento incluido en el libro)

Al igual que en el anterior avance, éste "El incidente de Belén" es una revisión de un clasico como es la aparición de los tres reyes de oriente en el portal de Belén que he decidido ampliar añadiendo algunas cosas de mi cosecha como artes marciales, viajes en el tiempo y terribles maldiciones. Espero que el resultado final guste y aquí queda este pequeño fragmento.


"La muchacha se dejó caer boca abajo en la cama. Su cabello rubio se había pegado a su cara con el sudor. Estaba agotada. La escena se había alargado más de lo previsto y además su compañero no le había dado tregua. Tenía la piel blanca como la nieve y ésta estaba cubierta de pequeñísimas gotas de sudor que brillaban bajo la luz de los focos. Giró la cabeza y se incorporó ligeramente, movió el trasero hacia un lado y, dejando ver uno de sus generosos pechos, miró directamente al hombre que de pie junto a ella se colocaba un albornoz. Era Sam, la nueva estrella del cine para adultos; alto, fuerte y con la piel negra como el carbón; su miembro seguía semi erecto y le colgaba hasta las rodillas demostrando que a veces, algunos tópicos raciales son ciertos.
¿Te he hecho daño? —le preguntó Sam a la muchacha.
Sabes que puedo con esto y con mucho más —respondió ella señalando con la vista a su entrepierna antes de echarse a reír.
Sam sonrió al ver que todo había ido bien y salió del decorado abrochándose el albornoz para meterse en su camerino. Había llegado hacía relativamente poco a los Estados Unidos pero muy pronto se interesó por la industria del cine x y decidió instalarse en Silicon Valley, justo al ladito de Hollywood donde los sueños se hacen realidad; tras unas cuantas apariciones en películas del montón, estaba rodando la que sería su mayor éxito: “Tócamela otra vez, Sam”, destinada a convertirse en un gran clásico a la altura de “Garganta profunda” o “Debbie does Dallas”.
Estaba aseándose para la siguiente escena cuando un mensajero le trajo una carta extraña; en el interior de un sobre ordinario de correos había otro, y otro y otro, cada vez más antiguos hasta revelar una nota escrita a mano en un pergamino amarillento. Sam la leyó con interés pues iba dirigida a un tal Baltasar, y hacía más de dos mil años que nadie se dirigía a él con ese nombre.
Treinta minutos para rodar, Sam —le interrumpió alguien desde la puerta.
Creo que tendremos que rodar la última escena ahora mismo —respondió él—. He quedado con un viejo amigo. Aunque me temo que van a ser dos."

NOTA: Este relato, en versión borrador, fue publicado hace unos años en mi blog "El día del testículo". En el libro "La onomatopeya del ladrido y otros relatos pulp" estará la versión corregida, revisada y reescrita.

3 comentarios:

  1. ¡Ostras, será interesante ver como ha evolucionado la historia! Y eso que algunos la vimos nacer y crecer...

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  2. Me gustó en el Blog... Me gustará en el libro.

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